Sentada en el banco del parque cerca de mi casa, vi a una pareja caminar calle abajo hacia la sucursal bancaria, entraron y me concentré en el libro que tenía entre en mis manos.
Un cuarto de hora más tarde los volví a ver, esta vez con dos sacas de cuero que parecían pesar lo suyo, corriendo hacia una furgoneta aparcada con el motor en marcha…
Soy una detective nata, con solo echar un vistazo, lo vi todo: matrícula, color de la ropa, estatura de ella y la de él, hasta un tatuaje, como el mío, que los dos llevaban en el brazo izquierdo.
Si esto fuera una novela, no me sentiría tan nerviosa.
© Marieta Alonso Más

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