martes, 23 de junio de 2026

Julia de Castro: La bruma verde de Gonzalo Giner

 



 

La historia que se nos presenta en La bruma verde se desarrolla en África, en las selvas del Congo donde están ocurriendo algunas cosas que afectan, muy seriamente, al resto de la humanidad.

Bineka es hecha prisionera por el grupo de asesinos que ha arrasado su aldea y ha acabado con su familia y vecinos. Durante el traslado sufren un accidente que permite a la niña huir y, posteriormente, ser adoptada por una familia de chimpancés con los que entabla una delicada relación, siempre al filo del desastre. Mashira, la matriarca que la protegerá de todo peligro; Takuro, el jefe de la manada, fiero y peligroso; Furaka, la cría a la que Bineka adopta al morir su madre. La niña convive varios meses en este difícil entorno, cual moderno Mowli, temiendo siempre por su vida, pero entre las dudas de si escapar para volver a caer en las garras de los que están haciendo de su medio un infierno y las dificultades de esa nueva vida entre primates.

Por otro lado, Beatriz, que trabaja en una ONG medioambiental investigando las agresiones que grandes multinacionales, en busca de sus preciadas materias primas, están perpetrando en la zona, desaparece y Lola, amiga de la infancia de la desaparecida, viaja al Congo para encontrarla.

Bineka y Lola se van a encontrar con este escenario de fondo y, ayudados por un compañero de Beatriz, se enfrentarán a una compleja trama de corrupción, luchando por despertar conciencias para conservar el mundo que la pequeña ha conocido siempre.

La novela de Gonzalo Giner nos muestra un mundo ideal amenazado, seriamente, por la ambición desmedida que está esquilmando los pulmones de este planeta tan castigado.

Que nos estamos cargando el mundo en que vivimos creo que lo sabemos todos, lo que no sé es si nos estamos dando cuenta de que, en estos entornos algo alejados del llamado primer mundo, hay seres humanos y animales que están sufriendo masacres extremas debido a la riqueza sobre la que siempre han morado.

Después de leer La bruma verde es imposible no tener la sensación de pérdida irreparable y más difícil todavía se hace no enamorarse, a través de los ojos de Bineka, de ese mundo que nos parece tan lejano, pero al que estamos abocando a la desaparición.

Sinceramente creo que es una novela que hay que leer porque puede remover conciencias para que, de una vez por todas, decidamos implicarnos en la defensa de los entornos naturales y de sus habitantes.

Julia de Castro

Mi otoño en libros

Noviembre 2021

domingo, 21 de junio de 2026

Blanca del Cerro: Me voy a Afganistán

 



—Me voy a Afganistán —dijo la ministra de igualdad tras escuchar las terribles noticias con las que amaneció aquel día un poco gris y un poco melancólico.

Las imágenes en la televisión parecían angustiosas. Invasión y dolor.

            —Yo me voy contigo a ayudar a aquellas mujeres que tanto nos necesitan —respondió resuelta la ministra de sanidad—.  En estos momentos, lo estarán pasando muy mal y todas las manos son pocas.

            Hasta el viento se había calmado y parecía escuchar sus palabras.

—Pero antes, —terció la ministra de derechos sociales— donaremos nuestros sueldos a la causa durante el tiempo que sea necesario. Prescindiremos de ese dinero que tanta falta les hace a esas pobres mujeres. Es lo mejor que podemos hacer.

Ellas, las tres flamantes ministras, henchidas de orgullo y filantropía, se dispusieron a hacer las maletas y a emprender el viaje hasta aquel país que acababa de ser invadido y en el que las mujeres serían el blanco de las iras de muchos locos. Ellas, las tres ínclitas ministras, deseaban ayudar en lo que fuera necesario, además de entregar todo el amor que rebosaba en sus corazones y un pequeño pellizco de su dinero. Ellas, las tres magníficas ministras, querían ser un ejemplo vivo de todo lo que habían enseñado, divulgado, defendido, pregonado y difundido. Por eso se marchaban con el alma rebosante de felicidad.

En la lejanía sonó un trueno.

En ese momento, poco antes de las siete de la mañana, desperté. Hora de ir al trabajo. Miré al techo y me froté los ojos.

No podía creer lo que había soñado. Un sueño, había sido un sueño, una verdadera pesadilla cargada de fantasías tan irreales como absurdas.

Tres ministras pregonando sus ideas y siendo coherentes con las mismas, algo netamente imposible e inviable, a la par que fantasioso: Afganistán, sentimientos filantrópicos, ayuda, entrega, amor, solidaridad, altruismo, humanidad, hermandad, camaradería, fraternidad…

Un profundo suspiro me acompañó.

            La imagen de las tres ministras bailaba ante mis ojos. Qué sería del mundo sin fantasía o sin imaginación, pensé mientras me estiraba.

Finalmente me levanté guardándome una sonrisa socarrona en los labios y me dispuse a enfrentarme a la realidad del día a día, la verdadera, la que no miente, la que se encuentra a la vuelta de la esquina de casi todas las vidas.

 

 

viernes, 19 de junio de 2026

Liliana Delucchi: Narciso

 


—Buenos días, señor.

—¿Ya es de día? ¡Cielo santo! ¿Qué hora es? —Preguntó el joven restregándose los ojos—. ¡Por Dios!, Fermín, no hagas tanto ruido al descorrer las cortinas, me da dolor de cabeza.

—Lo siento, su señoría. Le he traído un café, por si lo necesita antes de tomar el baño —respondió el ayuda de cámara mientras dejaba una bandeja sobre la mesilla—. ¿Qué tal ha sido su viaje por Italia?

—Agotador. Recuérdame la próxima vez que invite a una chica a ir de viaje, que antes me asesore un poco más sobre su personalidad —suspiró con desgana Beltrán mientras se ponía la bata que le alcanzaba su criado. —Dolores es muy bella, pero agotadora.

Ante el silencio de Fermín, con una sonrisa cómplice, continuó:

—No es lo que estás pensando, para eso tengo resuello de sobra —sonrió ante su propia gracia—, es que ésta es de las intelectuales. Viajera, como dijo ella. Me arrastró por todos los museos e iglesias que pudimos encontrar.

Y, de pie ante el espejo, mientras contemplaba con admiración su propia figura, siguió con su monólogo:

—Fíjate que me llevó hasta un pueblo perdido que se llama Gelatina, en la provincia de la pulga. ¡La pulga! —Soltó una sonora carcajada antes de agregar—. Esos italianos están locos, también podrían haberla nombrado mosca o, mejor, garrapata.

—Me temo, señor, que es el pueblo de Galatina, en La Puglia. He estado allí. Hay una pintura muy hermosa sobre La Anunciación en una iglesia cuyo nombre no recuerdo —corrigió Fermín mientras recogía el pijama de su patrón.

—No te preocupes, aunque me lo digas, dentro de cinco minutos lo habré olvidado —respondió el señorito—. Pero es cierto lo que dices, ese ángel era muy bonito y la tal Dolores quedó consternada ante su belleza. Creo que hasta se puso a rezar.

Beltrán pronto se olvidó del ángel, de la joven y de Italia para ordenar que le prepararan la ropa de montar.

Después del baño y ya vestido, volvió al espejo ante el que se detuvo unos instantes, mirándose de frente y de perfil.

—¡Sin cuerpazo que está el niño! —dijo orgulloso.

«Parece Narciso, pensó el criado, solo que no tendré la suerte de que se ahogue. Éste se mira en todos los cristales con los que se cruza, no en un estanque. Bueno, tan imbécil no es.»

Antes de salir de la habitación, Beltrán se acercó a los ventanales para contemplar los extensos prados de su propiedad. «¡Sin finca que está el niño!», caviló arreglándose la corbata.

—Fermín, he cambiado de opinión. En vez de un paseo a caballo iré a visitar a mi hermana al convento. Búscame un traje elegante pero sobrio, no es cuestión de hacer alarde de belleza ante las monjas —ordenó.

«Tú no has sido ni has estado sobrio en tu vida» cruzó por la mente del sirviente, aunque de su boca salió un: «Inmediatamente, señor».

Cuando Beltrán regresó por la tarde, su criado, que lo estaba esperando en el vestidor, le preguntó cómo había sido el encuentro con su hermana.

—Fíjate, cuando llegué al convento y pedí verla, una monja muy amable me dijo que era imposible, ya que en ese momento mi pequeña se estaba casando con Dios.

Se acercó al espejo y, abriendo los brazos ante su propia imagen, repitió: —¡Se estaba casando con Dios! ¿Te das cuenta, Fermín? ¡Sin cuñado que está el niño!

© Liliana Delucchi

miércoles, 17 de junio de 2026

Chocolate: Comida de dioses

 



Según cuenta una leyenda mexica, el Dios Quetzalcoatl regaló a los hombres el árbol de cacao. Según cuenta otra leyenda fue Kukulkán quien dio el cacao a los mayas después de la creación de la humanidad. Mayas y aztecas lo usaban como moneda de cambio mezclado con especie y hierbas para suavizar el sabor amargo del fruto original.

Años después el botánico Carlos Linneo lo bautizaría con el nombre científico de Theobroma, cuyo significado en griego es: alimento de los dioses.

Hernán Cortés trajo a España el «oro moreno» y al parecer fue en 1534 cuando Aguilar, uno de los monjes cistercienses de la expedición de Cortés, hizo llegar el cacao a Antonio de Álvaro, abad del Monasterio de Piedra, de Zaragoza, donde se elaboró chocolate por primera vez en España y en Europa, y donde aún se sigue elaborando un chocolate de altísima calidad, cuya elaboración es un secreto que guardan los monjes celosamente.

La incorporación de ingredientes como el azúcar, la canela o el aroma de vainilla a esta bebida es una idea con origen incierto: por un lado, se sabe que en México alrededor de finales del siglo XVI gracias a la Nao de China llegaba a gran escala la canela procedente de la isla de Ceylán y está claro que la extensión por parte de los españoles del cultivo de la caña de azúcar en América pudo haber facilitado que fuese allí donde se mezclasen ambos productos por primera vez. Por otro, es recurrente la noticia de que eso solo ocurrió al llegar el cacao a Europa. En cualquier caso, tal combinación se asocia casi siempre a obra de miembros de órdenes religiosas: Las monjas de un convento de Oaxaca (México) y el Monasterio de Piedra, en Zaragoza, son los dos lugares, en América y Europa respectivamente, parecen haber sido los primeros en añadir azúcar al cacao en 1529.

El chocolate negro cuenta con muchas propiedades beneficiosas para la salud. En la actualidad, Ghana y Costa de Marfil son los dos principales productores y exportadores de cacao a nivel global. 

 

Delicioso

 

lunes, 15 de junio de 2026

Nuevo Akelarre Literario nº 129: Alcázar Palacio de Portocarrero

 


En el año 105 el procónsul romano Aulo Cornelio Palma, fijó aquí su residencia, pero su estructura actual de defensa proviene del alcázar construido en el siglo XI durante la dominación árabe. 

Ha servido de inspiración para los cuatro cuentos que Nuevo Akelarre Literario publica este mes.



Pinchad en el link y disfrutad con nuestros cuentos


https://www.nuevoakelarreliterario.com/alcazar-palacio-de-portocarrero/

Alcázar Palacio de Portocarrero

Alcázar Palacio de Portocarrero: El Alcázar palacio de Portocarrero, escenario de la película El Reino de los Cielos, de Ridley Scott, ha sido la inspiración para nuevos relatos