Recuerdo que con apenas siete
años mi madre me ponía a batir la nata que había ido recogiendo en un frasco. Me
encantaba untarla en el pan. No sé si ella sabía que la mantequilla es rica en
vitamina A, D y E, lo que sí sabía era que tirar comida era pecado, y en mi
casa no se tiraba nada.
Una vez a la semana, los
jueves, comíamos de sobras, pero no unas sobras que el comensal supiera que el
lunes había comido picadillo, que el martes había saboreado bonito en escabeche,
que el miércoles había quedado ropa vieja, que el viernes se comía pescado, por
la vigilia, que el sábado habría ajiaco, que el domingo, pollo. No. No. Cada porción
sobrante la escondía en empanadillas, en patatas rellenas, en frituras y… ¡Sorpresa!
Nunca sabíamos lo que íbamos a encontrar al hincar el diente.
En casa la leche era de vaca,
nos la traía Juanito en una yegua que era la mar de noble y eso que más mataduras
era imposible tener. Y siempre me decía que de la leche de oveja, vaca o cabra
era posible obtener mantequilla, pero de la leche de camella, no. Eso se lo
había dicho mi tatarabuela, que no sabía leer ni escribir, pero era de una
inteligencia natural que llamaba la atención.
El proceso de batir las natas
produce pequeños grumos que flotan, a eso le llamaba suero de mantequilla y me
animaba a beberlo, por lo flaca que estaba. Y no sé para qué, pero le echaba
cubitos de hielo antes de que yo empezara a batirlas con una cuchara de madera.
Pues, esta tarta que parece
tan rimbombante, mi madre la hacía con lo que hubiera en la nevera, por lo que
la receta que ayer encontré entre sus cosas, no tenía ni mancha de grasa.
Ingredientes
700 gramos de patatas
20 gramos de mantequilla
1 puerro
5 huevos pequeños
1 cebolla picada
200 gramos de beicon troceado
75 gramos de queso para gratinar
3 cucharadas de nata para cocinar
Paso a paso
Horno a precalentar. Hervimos
las patatas con sal hasta que estén cocidas.
Cortamos el puerro y lo
hervimos unos tres minutos. Freímos el beicon y cuando esté crujiente añadimos
la cebolla hasta que se dore bien.
Mezclamos los huevos, el
queso, la nata y la mantequilla, la sal, añadimos el beicon y la cebolla.
Batimos bien.
Engrasamos un molde con
mantequilla y aplastamos las patatas con un vaso hasta que quede una capa
totalmente lisa. Agregamos la mezcla. Horneamos durante 20 minutos a 200 grados.
Y ya está.








