sábado, 19 de septiembre de 2026

Liliana Delucchi: La mujer del cuadro



 Nada más despertarse, Amanda se había sentado frente al ordenador. Transcurridas dos horas, la pantalla continuaba en blanco. Durante ese tiempo se levantó a prepararse el tercer café de la mañana, regó las plantas y ordenó los jerséis por colores. Nada. Ni una sola idea para el artículo que le encargaran en la redacción. ¿Y si voy al mercado a comprar algo para comer y de paso me despejo un poco? Despejarme…, ¿de qué? Quizás del vodka que bebí anoche mientras veía seis capítulos de una miniserie. Cualquier cosa para no pensar en esta vida carente de estímulos. Mejor no rumiar sobre ello, mi terapeuta dijo que debía ser más positiva, ver las cosas bajo un prisma más provechoso. ¡Como si fuera fácil!

El sonido de la llegada de un mail le dio la oportunidad para abandonar una vez más la página en blanco. Se lo enviaba Mayte invitándola a una exposición de pintura junto con la foto de uno de los cuadros: mujer mirando a través de una ventana. Preciosa la pintura. ¿Qué estará viendo esa señora? ¿Despide a alguien o lo espera? Mejor voy a comprar el almuerzo.

Erró por los puestos del mercado sin detenerse en ninguno. De pronto se dirigió al de la carne, no porque le apeteciera o supiera qué cocinar, sino porque allí estaba él, en la cola de la carnicería, el vecino que se había mudado hacía poco a los nuevos pisos frente a su casa.

No sólo era guapo, tenía un halo de misterio de esos que a ella gustaban tanto, una especie de mirada perdida. ¿O será miope? No entendió muy bien qué era lo que él estaba pidiendo a la carnicera, pero se acercó para preguntarle cómo lo prepararía.

El joven la miró desde el fondo de unos ojos verdes brillantes como hojas de castaño humedecidas y le dio una receta que Amanda fue incapaz de recordar.

—Gracias… —dijo ella—, por cierto, soy Amanda.

—Alfonso. De nada, ya me dirás cómo te ha salido.

Y allí terminó el encuentro romántico, porque cuando se le ocurrió cómo continuar la conversación, el vecino pagó su cuenta y con un escueto «hasta pronto», abandonó el local.

Al regresar a casa, no había ocurrido milagro alguno: ningún alma, genio o lo que fuera, escribió su artículo y en la pantalla del ordenador solo encontró la foto del cuadro que le enviara su amiga.

¡La ventana!, eso es.

Entonces recordó que en la buhardilla, junto a un montón de cosas viejas había un telescopio que perteneciera a su abuelo. «No sé qué miraba la mujer de la pintura, pero sé lo que investigaré yo.»

Instaló el aparato frente a la cristalera en dirección al piso del vecino y al más puro estilo de La ventana indiscreta, se dispuso a espiar. Estoy loca, se repetía mientras direccionaba el foco hacia la casa de Alfonso. Y entonces lo vio, sentado en un salón minimalista, frente al escritorio aporreaba las teclas del ordenador. ¿Cómo puede escribir tanto y tan rápido? ¿A qué se dedica?

El segundo encuentro se produjo una tarde en que Amanda corrió escaleras abajo al ver, a través del telescopio, que él salía. Amablemente, Alfonso le preguntó cómo le había salido la comida, a lo que ella contestó que dada su mala memoria y escaso conocimiento culinario, cuando se dispuso a prepararla ya había olvidado la receta.

—Eso tiene solución —respondió el joven— te invito a cenar esta noche y así ves cómo lo hago.

Prácticamente vació su armario buscando qué ponerse para la cita. Finalmente, cuando hubo encontrado algo tan discreto como adecuado, compró una botella de vino y cruzó la calle.

Durante la velada supo que no sólo era soltero (¡bien!) sino profesor de literatura y escritor.

—¡No puedo creerlo! Eres mi salvador.

Y entonces contó que le encargaron un artículo sobre la teoría acerca de que Christopher Marlowe pudiera ser el autor de gran parte de la producción literaria de Shakespeare y…, ella no tenía idea por dónde empezar.

Regresó a su casa con una gran cantidad de libros y estuvo escribiendo hasta el amanecer. Al día siguiente revisó el texto y finalmente pulsó «enviar». Después de una ducha, compró cruasanes. Antes de llamar a Alfonso para invitarlo a desayunar, puso la mesa digna de una cita de película, y fue entonces cuando vio que su «máquina de observar» aún estaba en el salón.

A toda velocidad subió al altillo con el aparato que ahora pesaba mucho, y cuando lo hubo escondido entre un montón cosas inútiles, se detuvo un momento en la puerta, esbozó una sonrisa y murmuró: «Gracias, abuelo».

© Liliana Delucchi

jueves, 17 de septiembre de 2026

El Bosco: El gato en el jardín de las delicias

 




Es una de las obras más conocidas de El Bosco.


Se trata de un tríptico pintado al óleo. Cuando está cerrado representa el tercer día de la creación. Cuando está abierto hay tres escenas: el panel izquierdo representa el paraíso; el del centro, la lujuria; y el de la derecha el infierno.


En estos tres paneles, el Bosco inmortalizó también a los gatos, pues parece ser que les tenía mucha admiración y cariño. Y para algunos estudiosos del arte, son estos animales los que representan en esencia el significado de cada panel.


En el de la izquierda se puede ver un gato con un ratón en la boca; su aspecto es tranquilo e inocente, como Adán y Eva antes de conocer el pecado.


En el panel central, aparece un gato más estilizado y seductor, que participa activamente en la degradación humana al llevar sobre su lomo hombres y mujeres desnudos hacia la perdición.


En el de la derecha, aparece un gato de aspecto diabólico, que tortura a un condenado haciendo ruido con un tambor y no dejándole descansar en paz.




martes, 15 de septiembre de 2026

domingo, 13 de septiembre de 2026

Malena Teigeiro: Berta no quiere ver el cielo



En cuanto llega la tarde y acaba con sus quehaceres, Berta se asoma a la ventana. Siempre a la pequeña. Allí lo espera con la mente en blanco. Bueno, en blanco no, porque de su cabeza no desaparece nunca la imagen.

Martín tiene los ojos transparentes, de color verde, de ese que es como el agua del mar. Adora esos ojos que la miran de arriba abajo y que le hacen bajar los párpados avergonzada. Una de las cosas que más le gustan de él es la sonrisa. Cada vez que le baila en sus gruesos y húmedos labios, se enamora un poco más.

Berta saca medio cuerpo hacia afuera. Quiere mirar lejos, muy lejos. No. Todavía no vuelve. De nuevo se acomoda en el alfeizar de la ventana pequeña. Siempre en la pequeña. Espera. Siente frío y se arrebuja en su chal.

Ahora recuerda sus juegos de niños. Porque él y ella están juntos casi desde que nacieron. Qué día tan feliz el de su matrimonio. Todo fue perfecto. Hasta el sol fue espléndido. Sonríe. Martín era pícaro. Sí. Siempre tuvo una inocente y osada picardía que todavía la mantiene enamorada. Por eso lo espera en la ventana pequeña. Esa que le deja ver los campos y los barcos que atraviesan el canal. A ella no le gustaba mirar por la grande. Escucha el rasgar de la quilla de un barco y cierra los ojos. No. No era el de él. Porque Martín patronea con dulzura, casi mimando las aguas. Aspiró el perfume a hierba. Aunque sus ojos fueran del color del agua, él no olía a mar. Él olía a leche y a bollos, a bebé y a hogar. A veces también a vino. Y ese olor fuerte, agrio le repelía. Una ráfaga de viento le hizo sujetarse unos rizos.

Una de las cosas que más le gustaban a Berta, era sentir su calor al despertar, y todavía muchísimo más aspirar el perfume de su piel. De día, sola en la casa, echaba de menos su risa y su voz, incluso cuando protestaba por cualquier cosa. Porque, tenía que reconocerlo, su hombre, además de alto y delgado, era un poco pendenciero. Aunque ella le riñera cada vez que le contaban una de sus peleas, entendía que no había que darle importancia, que eran cosas que hacían los maridos al salir de la taberna. ¡Ya se corregirá con el tiempo! Últimamente está bastante preocupada. Son muchas las noches que llega tarde y en un estado lamentable. Recordó aquella de no hacía tanto tiempo, que lo tuvo que ayudar a subir a la habitación. Vomitó por las escaleras. Pero era un buen hombre. Aún en aquel estado Martín le pidió perdón por el trabajo que le estaba dando y le juró que no volvería a emborracharse. Ella sonrió. Era casi imposible que pudiera cumplir con su promesa.

Berta se acarició el vientre. Su bebé ya no estaba allí. Y no entendía por qué. Ahora lo recordaba. El bebé salió de su vientre el mismo día que le dijeron que Martín se había ido al cielo, que no volvería nunca más. Que la noche anterior le clavaron una faca en el pecho. Pero sabe que no es cierto, que como tantas otras veces, y aunque esté borracho, llegará a casa y la abrazará y la besará.

Y por eso Berta nunca mira por la otra ventana, la que está alta, la que solo deja ver el cielo. Teme que Martín aparezca entre las nubes con su bebé en los brazos.

© Malena Teigeiro 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Tumbas papales

 




Unas cien tumbas papales están localizadas. Son muchas, pero en realidad son menos de la mitad de los 266 papas que han muerto desde San Pedro a Francisco.

Se sabe poco de los papas y sus tumbas de los primeros siglos de la cristiandad y a veces la información es contradictoria. Como sucede con otras reliquias religiosas, varios sitios se atribuyen tener la misma tumba.

El estilo de las tumbas papales ha evolucionado a lo largo de la historia y alguna de las más notable fueron encargadas a escultores como Miguel Ángel, Gian Lorenzo Bernini y Alessandro Algardi.

Las más antiguas ya no existen debido a los numerosos traslados o a su destrucción. La mayoría están en la Basílica de San Pedro, otras en algunas de las principales iglesias de Roma como son: la Basílica de San Juan de Letrán, Santa María sopra Minerva y Basílica de Santa María la Mayor… El resto en otras catedrales e iglesias de Italia, Francia y Alemania.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La cocina a mi alcance: Pastel a lo Susan

 


Otto Frederick Rohwedder, un joyero de Missouri, inventó en la década de 1920, el pan de molde. Se trata de un pan enriquecido.

Su masa incluye mantequilla leche o grasas que le proporcionan miga suave, corteza blanda y una mayor conservación. Su versatilidad lo hace ideal para sándwich tostadas y otras preparaciones culinarias consolidándose como un alimento básico en muchas expensas.

Se hornea dentro de un molde. Además de proporcionar mayor valor nutricional, sabor y textura, la adición de grasas permite que se conserve tierno por más días respecto del pan común.

Generalmente es un pan blanco, aunque también hay panes de molde integrales, sin corteza, con cereales o frutos secos, de papa, multigrano, negro, de mantequilla…

Se puede comprar en prácticamente todos los supermercados y también en panaderías. Su precio es económico, accesible.

Mi amiga Susan es una gran fan de este tipo de pan y es que ella llega tarde del trabajo y las cenas se le hacen muy cuesta arriba. Y como no les va a dar sándwich todos los días ha ideado este pastel. A sus hijos les encanta, aunque uno de ellos odia la lechuga y el tomate y con disimulo se las tira a su perro que en las horas de comida siempre está a su lado.

 

 Ingredientes:

 Lechuga

Tomates

Cebolla

Pimientos morrones

Anchoas

Atún

Huevo cocido

Pan de molde (sin corteza)

Mayonesa

 

Preparación:

 

En una fuente plana rectangular de plástico pone una base de pan de molde, cada rebanada, bien juntitas y las unta con mayonesa.

Coloca hojas de lechuga por encima. Trocea los tomates, la cebolla y los pimientos morrones en dados. Las anchoas en trocitos y desmiga el atún. Los reparte por encima de la lechuga y el pan, todo bien extendido.

Otra base de pan de molde, untar mayonesa y la misma operación. Terminar con una capa de pan untado con la mayonesa.

Adornar con el huevo cocido rallado por todo el pastel o en rodajas o en cuartos, como os plazca que para eso sois libres de hacer lo que queráis.

lunes, 7 de septiembre de 2026

En septiembre crecen las noches y menguan los días

 



Noveno mes del año y tiene 30 días. Septiembre es una palabra procedente del latín que significa: siete meses. Era el séptimo en el calendario romano. Ambas grafías, «setiembre» y «septiembre», son correctas.

El 21 de septiembre en el hemisferio norte comienza el equinoccio de otoño. Mientras el hemisferio sur comienza el equinoccio de primavera.

Los signos del zodíaco para el mes de septiembre son Virgo, hasta el 22 de septiembre, y Libra, del 23 de septiembre en adelante.

Las flores de septiembre son las nomeolvides, gloria de la mañana y aster. En algunos países se suele considerar que la piedra preciosa de septiembre es el zafiro.

Cada año, septiembre comienza el mismo día de la semana que diciembre.

Para la Iglesia católica, este mes está dedicado a los ángeles.​