miércoles, 17 de abril de 2024

Auvers: Siga las huellas…

 



Esta es una aldea con tanto encanto que la puedes ver en cuadros y al natural. Con buena voluntad se diría que aún conserva el mismo aspecto de hace más de cien años. Pero no. Auvers no es como aparece en tantos cuadros: jamás fue así. Los impresionistas nos dieron su versión personal.

De Paris a Auvers se va en menos de una hora. Se puede ir en coche, en tren, como más le apetezca. Auvers asciende lentamente desde el río Oise hasta el Ayuntamiento. Busque la Auberge Ravoux, la hostería donde Van Gogh se alojó y se disparó en el pecho el 27 de julio de 1890, hoy se llama la Casa de Van Gogh. Busque el cementerio donde este gran pintor está enterrado junto a su hermano Theo, a orillas del pueblo, entre los trigales que el artista dio a conocer. Busque su Iglesia, La casa del ahorcado, la casa del doctor Gachet... Obras maestras, todas.

Se dice que Van Gogh llegó a Auvers y lo iluminó para siempre.

No solo el holandés vivió aquí, también Pissarro, Cézanne, Daubigny, Daumier, Morisot y muchos más. Sus colinas, sus plantíos, sus casas risueñas, soleadas y cubiertas de flores están reflejadas en muchos museos, en miles de libros de arte y en millones de tarjetas postales.

Auvers hay que descubrirlo a pie, acompañado por los pájaros que rompen el silencio, yendo por las calles serpenteantes, oyendo los pasos en el «camino viejo» el que va de Auvers a Pontoise.

Los años no han cambiado lo que escribió Van Gogh a su hermano en mayo de 1890: 

¡Se respira tanto bienestar en el ambiente!

Y si presta atención cabe la posibilidad de que pueda ver a una mujer vestida de azul, con un pañuelo blanco en la cabeza y una canasta al brazo, como la vio Van Gogh y la retuvo para siempre: en el cuadro de la iglesia de Auvers a la izquierda, hoy en el museo Orsay en París.

 

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