viernes, 27 de febrero de 2026

Cristina Vázquez: El olor

 


El olor había sido lo que la decidió. Aunque cuando Eulalia miraba el despliegue de pescado y marisco en el mercado, muy pocas veces y siempre con mascarilla, sonreía satisfecha.

Su padre fue un pescador curtido en mares lejanos. Cuando ella era pequeña su vuelta era festejada con emoción y sincera alegría. Recordaba el momento de su entrada en la casa. Avisaban de la central del puerto que el Lalina estaba fondeando. Entonces, la madre los arreglaba a ella y a su hermano y se ponía un traje estampado, aunque fuera invierno. Después de tanto tiempo en el mar, al menos que cuando entrara en su casa viera alegría y color, afirmaba animosa.

Se sentaban alrededor de la mesa a esperar. Oían su silbido a lo lejos y se ponían nerviosos.

—¿Ya, mamá? —preguntaban los hermanos.

—Aún no, que él también recele un poco y crea que no estamos —sonreía—, así disfrutará más al veros.

Ahora, les decía cuando ya se oían los pasos por el pequeño jardín y su voz llamándoles: Mujer, Lalina, Juanito, nombres que volvía a repetir hasta llegar a la puerta. En ese momento daba tres golpes seguidos. Los chicos se escondían y al abrir, la madre decía con aire compungido que los niños no estaban en casa. Entonces empezaba la ruidosa búsqueda del padre hasta que los encontraba. Su abrazo era fuerte, querido, pero Eulalia no podía evitar que el olor a pescado que desprendía, le repugnara. Se juró que ella nunca olería así.

Y cumplió su juramento. Se fue a estudiar a la ciudad, pese al enfrentamiento que le supuso con la madre. Eran tiempos en los que la obligación de la mujer era estar en casa, encontrar un marido conveniente y, si acaso, echar una mano en la pescadería donde se vendía el pescado que traían en el Lalina. Por cierto, Manolo, el apuesto y amable hijo de los dueños, le miraba con ojos embelesados de futura novia.

—Pareces boba —le recriminaba la madre—, si fueras algún día a ayudar… El chico te mira con arrobo.

—Pero huele a pescado —era su inevitable contestación.

Menudos remangos de señoritinga le salen a la muchacha, se quejaba con el padre. Y a estudiar, se quería ir a estudiar a la ciudad y sola. El desconsuelo de la madre no se calmaba, aunque el padre aceptara que se fuera. El barco iba a ser para el hermano, concluía, y la chica tenía derecho a tener otra vida.

Eulalia se marchó una tarde de septiembre con una exigua maleta, la decisión y el temor a partes iguales en sus ojos y la esperanza instalada en su cabeza.

 Al cabo de unos años sacó una licenciatura en económicas y sus vueltas al pueblo la hacían sentirse cada vez más lejana y extraña con su familia y amigos. Los ojos recriminatorios de la madre se veían compensados por la mirada de orgullo del padre.

—Tienes que aprovechar el conocimiento para mejorar y salir de esta vida tan dura.

Si alguna duda se le cruzaba por la cabeza, volvía al mercado a recordar el olor que le repugnaba y comprender que no había jabón suficiente para quitar su rastro de las manos ni del cuerpo.

© Cristina Vázquez

miércoles, 25 de febrero de 2026

Los avestruces

 



Son las aves más grandes del mundo. Pueden medir hasta 2,7 metros de altura y pesar más de 150 kilogramos. Posee una cabeza pequeña en relación con el cuerpo, sus grandes ojos, cinco centímetros de diámetro, le proporcionan una vista excelente. Cuello y patas están desprovistos de plumas. Mientras que la mayoría de las aves tienen cuatro dedos en cada pata, el avestruz presenta tan solo dos. Su longevidad está entre los treinta y cuarenta años. Se encuentra en África.

A pesar de su tamaño son sorprendentemente rápidos y pueden correr a velocidades de hasta 70 km/h, lo que los convierte en las aves más veloces en tierra.

No pueden volar. Sus alas son demasiado pequeñas en proporción al cuerpo, lo que les imposibilita el vuelo. Pero les sirven para ayudarse en su equilibrio y para mantenerse frescos abanicándose.

Ponen los huevos más grandes de todas las aves, con una cáscara dura y gruesa. Un solo huevo de avestruz puede ser equivalente en tamaño a dos docenas de huevos de gallina.

El pico del avestruz es muy poderoso y afilado. A menudo lo utilizan para defenderse, por eso pueden ser peligrosos en situaciones de amenaza.

Tienen un sistema digestivo especializado que les permite digerir alimentos duros y fibrosos como piedras monedas y metal. Esto les ayuda a procesar su dieta, que consiste principalmente en plantas y ocasionalmente insectos.




lunes, 23 de febrero de 2026

Julia de Castro: El libro negro de las horas de Eva García Saénz de Urturi

 



 

Vuelve Kraken, el inspector de la Ertzantza, Unai López de Ayala, en otra de sus investigaciones, esta vez en una carrera contrarreloj para encontrar lo que creía perdido desde hace muchos años.

Con esta nueva entrega, la autora prosigue con una saga que le está dando buenos resultados. Un género, el policiaco, que ha demostrado tener seguidores fieles y que suele producir novelas que enganchan y que no puedes dejar de leer.

En esta novela, Kraken ha dejado su puesto de inspector y se limita a trazar perfiles. Pero ante una intrigante llamada telefónica en la que le conminan a buscar un misterioso libro de horas a cambio de la vida de una madre que, creía muerta desde el nacimiento de su hermano Germán, todas las certezas en las que se sustentaba su existencia saltan por los aires.

Unai va a discurrir ahora, entre Vitoria y Madrid, por las librerías del barrio de Las Letras y las casetas de la Cuesta de Moyano, para bucear en el mundo de los libros antiguos, de las joyas por las que los coleccionistas pueden llegar a matar.

Estamos ante una historia entretenida, una aventura más de Kraken, un personaje y unas tramas que han funcionado muy bien en entregas anteriores y eso es, precisamente, lo que tanto gusta a los expertos en márquetin y a las editoriales. Ya sabes, si algo funciona no lo toques.

Tengo que decir que las primeras entregas del inspector Kraken y el resto de los personajes que le suelen acompañar me engancharon, no ha sido así con esta última. He tenido la sensación de que el protagonista caminaba forzado sobre las situaciones que la autora ha ido planteando.

Julia de Castro

Mi verano en libros

 Julio 2022

sábado, 21 de febrero de 2026

Blanca del Cerro: El dipuplast

 



            Todos ellos discutían sobre cómo salir de aquel entuerto. Saldrían, por supuesto, como ocurría siempre, muchas veces de forma ilegal, o antiética, o incluso amoral, pero eso era lo de menos. La ética, la moral, la verdad, la rectitud y la dignidad eran elementos de escasa importancia cuando se trataba de mantenerse arriba, siempre arriba. El poder lo merecía. Y ellos eran verdaderos dioses en tales menesteres. Ahora les acusaban de no acudir nunca a las sesiones parlamentarias, lo que, en el fondo, era una verdadera tortura y procuraban evitarlo siempre que les fuera posible; lo cierto es que su bancada en el Congreso de los Diputados, un día tras otro, estaba siempre vacía y habían empezado a correr rumores y comentarios no demasiado agradables al respecto. Y eso no podían permitirlo. Tendrían que buscar una solución. Y la buscaron y la encontraron porque eran mentes inteligentes y, de una u otra manera, siempre superaban los escollos.

            La idea surgió de uno de ellos, no con demasiadas luces, pero con genialidades de cuando en cuando sorprendentes. Colocamos, dijo, muñecos de plástico en los escaños, iguales o similares a las muñecas sexuales utilizadas por algunas personas para sus asuntos de cama, que llevarán nuestros rostros y tendrán un aspecto similar al nuestro. Los llamaríamos dipuplasts, que es la unión de las palabras diputados y plástico. De tal manera, podríamos simular estar en el Congreso y a la vez permanecer en cualquier lado a nuestro antojo, sin tener que soportar los insultos y barbaridades que profieren contra nosotros. Por supuesto, ordenaríamos a las televisiones que hicieran siempre tomas de lejos y, al igual que sucede con nuestros súbditos, se plegarán a nuestros deseos. Asimismo, convenceríamos al resto de los partidos a que actuaran de igual manera y todos seríamos iguales. Es evidente que siempre tendría que ir en persona alguno de nosotros o de nuestros rivales, pero eso sería un pequeño sacrificio. Las votaciones, claro está, se harían de forma telemática. Es como si estuviéramos, pero sin estar. Y con respecto a la posibilidad de ser descubiertos, no tendría la más mínima importancia porque sería cuestión de negarlo, insistir en que se trataba de un grandioso bulo y asistir en persona unas cuantas veces a las sesiones hasta que los ánimos se serenaran. El sacrificio sería pequeño y las ventajas, enormes. Con respecto a una posible pérdida de votos, no existe ningún problema porque los nuestros seguirán votándonos hagamos lo que hagamos, por muy deleznable que eso pueda ser y por muchas barbaridades que conlleve. Lo sabemos nosotros, lo saben ellos y lo sabe todo el mundo.

            ─ ¿Qué os parece? ─Preguntó.

Y una gran sonrisa de placer se les perdió a todos en sus bocas porque el futuro se presentaba mucho más brillante que hasta el momento.

            Fue a partir de ese día cuando nació la era del dipuplast.

           

 

© Blanca del Cerro

jueves, 19 de febrero de 2026

Liliana Delucchi: La nota


La temperatura era cálida para esas horas de la mañana. Sin duda, el sol apretaría según transcurriera la jornada, pero de momento, la suave brisa del mar pegaba el vestido floreado a sus piernas. Eloísa disfrutó con el contacto del algodón contra su piel; caminaba despacio, gozando de ese momento de soledad amenizado por las voces de los pescadores, el vuelo de las gaviotas y el roce de los lánguidos pliegues de la ropa. Se detuvo a contemplar el horizonte, respirar a pleno pulmón el aire marino, disfrutar de ese retiro de un mundo que se le estaba haciendo pesado. Por un momento, frente al paisaje que aparecía ante sus ojos, dudó sobre sus planes. No eran fáciles de consumar, pero la situación la había llevado al límite de sus fuerzas y recurrió a las pocas que le quedaban para desarrollarlo…, al menos en su mente.

Siguió camino del mercado. Un golpe de aire le arrebató el sombrero que un afable caballero le devolvió con una sonrisa. ¡Qué bella sonrisa! ¡Cuánto hacía que nadie le ofrecía una! Hasta llegó a pensar que no las merecía… No es cierto, no tengo que ser desagradecida, Augusta me ofrece una cada vez que me acerco a su puesto. El suyo era uno de los primeros de la lonja, con marisco siempre fresco, delantal impoluto y su eterna amabilidad.

—¿Qué, te has decidido? —preguntó la pescadera con un mohín cómplice.

—¿Te refieres a las zamburiñas o a las nécoras? Llevaré ambas…, y de todo lo demás también —contestó guiñando un ojo—. Será una comida de celebración.

—Ni que lo digas… ¿Ya ha llegado?

—Anoche, con una maleta para dos meses junto con toda su verborrea.

—Para lo que le va a durar—. Sentenció Augusta mientras cerraba la bolsa que contenía el marisco—. El frasquito que me dio la anciana está en el fondo —agregó pasándole el paquete con todo el pedido—. ¡Y buena suerte!

Eloísa desanduvo el camino hasta su casa todavía en silencio, ni su marido ni la hermana de éste se habían levantado. Metió la compra en la nevera y se puso a hacer café. Con una taza caliente y algunas galletas sobre la bandeja, se dirigió al patio, a respirar el aroma de las gardenias que tan bien se le daban. Acarició las flores con la mirada, como despidiéndose de ellas, de ellas y de todas las demás que había cultivado desde hacía años.

La voz de su cuñada la sacó de la ensoñación. Bien, se dijo, manos a la obra. Tras ofrecer un desayuno a su invitada y después de un largo rato de asentir con la cabeza a la catarata de palabras que salían de la boca de esa mujer insufrible, se escabulló con la excusa de preparar el almuerzo. Pedro, su marido, también se había levantado y unido a su querida hermana.

Desde la cocina, Eloísa escuchaba voces solapándose unas a otras, como si todo el tiempo del mundo fuera insuficiente para lo que se tenían que contar. Incontinencia verbal, pensó, padecen de incontinencia verbal. «Quizás los libros de medicina deberían incluir la nueva dolencia que acabo de descubrir», murmuró para sí, mientras preparaba la comida que los hermanos le habían pedido.

Cuando la mesa estuvo terminada: mantel de hilo blanco, adornado con los colores de los mariscos y un jarrón con gardenias, se acercó para decirles que todo estaba listo.

Frotándose las manos, como si hubieran pasado una hambruna, y sin una palabra de agradecimiento o de elogio se sentaron en el comedor, fresco a pesar de la hora. Como dos náufragos que llegan a una isla después de meses sin probar bocado, engulleron las maravillas que había comprado en el puesto de Augusta.

Eloísa no se unió a la comilona, los contemplaba a través de la ventana y cuando vio que, una a una, sus cabezas caían inertes sobre los platos, cogió la maleta que tenía preparada desde el día anterior, y escribió una nota que dejó clavada en la puerta de entrada.

«Señores policías, no prueben el marisco.»

© Liliana Delucchi

martes, 17 de febrero de 2026

Stella Maris: María como estrella que guía a la gente de mar.

 


María, Estrella del mar


En el siglo XII, San Bernardo de Claraval escribió: «Si surgen los vientos de caer en el abismo de pasión o las relaciones sentimentales con Dios y su padre, si te arrojan contra las rocas de la tribulación, mira a la estrella, llama a María; si te golpean las olas del orgullo, de la ambición, de la envidia, de la rivalidad, mira a la estrella, llama a María. En caso de que la ira, o la avaricia, o el deseo carnal asalten con violencia la frágil embarcación de tu alma, mira la estrella, llama a María».

La tacita de plata, de la que Antonio Burgos escribió: Cádiz es La Habana con más salero…, desde tiempos muy remotos ha dicho adiós a los navegantes, ya fueran fenicios, romanos, cartagineses, conquistadores, aventureros, comerciantes y misioneros en busca de oro y sueños.

Cádiz tiene una importante historia marítima y una Galeona. Fue construida en el siglo XVI, en los astilleros de la ciudad, por orden del rey Felipe II. Su objetivo era utilizarla para el comercio y para proteger las rutas marítimas.

Durante su larga historia, la Galeona de Cádiz participó en numerosas batallas. Una de las más importantes fue la Batalla de Trafalgar en 1805, donde formó parte de la flota española junto con la famosa nave Santísima Trinidad. Aunque no lograron vencer a la flota inglesa, fueron un símbolo de la valentía y el coraje de los marineros españoles.

Pero no solo participó en guerras, también fue utilizada para transportar cargamentos de oro y plata desde América. Esto la convirtió en un objetivo codiciado por los piratas.

Después de casi tres siglos de servicio llegó a su fin en el año 1810. Durante la Guerra de la Independencia Española, fue incendiada por los franceses para evitar que cayera en manos de los ingleses. Aunque muchos intentaron salvarla, finalmente se hundió en las aguas de la bahía de Cádiz.

La iglesia de Santo Domingo, emplazada en el borde del casco histórico, en las proximidades del puerto, desde una perspectiva histórica, es el edificio religioso gaditano de mayor vinculación con América desde el momento de su fundación. Allí se alojaban los dominicos que iban y volvían del otro extremo del Atlántico. El conjunto, además de la iglesia, tiene el gran patio claustral y la capilla de la Venerable orden Tercera.

Desde la iglesia de Santo Domingo se procesiona la imagen de Nuestra Señora del Rosario «la Galeona», o lo que queda de la virgencita que llevaban los marineros como protectora en su viaje.

domingo, 15 de febrero de 2026

Nuevo Akelarre Literario nº 125: El desfile



Los desfiles de moda se originaron en París a mediados del siglo XIX con el diseñador Charles Frederick Worth, modisto de la emperatriz Eugenia de Montijo, quien comenzó a presentar sus colecciones usando modelos vivos en lugar de maniquíes. Inicialmente, estos eventos se realizaban en los talleres de los diseñadores para un grupo selecto de clientes. Con el tiempo, la práctica evolucionó hacia desfiles más teatrales, los cuales se abrieron a la prensa y al público, convirtiéndose en eventos sociales para mostrar y vender las nuevas tendencias.


Pinchad en el link y disfrutad

https://www.nuevoakelarreliter