Tirar la toalla, abandonar y dejar de luchar
son términos que estoy convencida que muchos de vosotros habréis tenido en
mente en algún momento. Quizás sea ahora mismo. Tal vez el camino sea tan
escarpado que parezca no existir salida posible. Tal vez el cansancio se haya
convertido en la nota predominante y las fuerzas vayan perdiendo la partida.
Los más optimistas, los que de verdad creen
que con desearlo podéis salir de ahí, os dirán que hay que ser positivos. Que
hay que luchar y seguir adelante. A mí, personalmente, me parecen unos
mezquinos. Nadie, por muy brillante que vea el mundo, puede tener siempre
pensamiento positivo.
Creo en la resiliencia, en que hay individuos
que se sobreponen, se actualizan y siguen con el nuevo escenario que tienen a
su disposición. Sin embargo, no puedo soportar el positivismo tóxico. Si alguno
de vosotros está sufriendo no tiene por qué soportar a otra persona (no creo
que siempre bienintencionada) que les insista sobre cómo deben sentirse.
Es una falta alta de empatía, una hipocresía y de tener muy poca humanidad.
Más allá de que la voluntad no lo es todo, hay que mirar a las otras personas a los ojos y tratar de entender qué necesitan de verdad. Puede ser espacio, un abrazo o simplemente silencio. No lo que alguien con aires de psicoanalista considere.
Tal vez tengan que quedarse durante una temporada en ese lugar oscuro. Por eso, si es vuestro caso, no os apresuréis, tomad el tiempo que necesitéis y, sobre todo, sed vosotros quienes decidáis si seguís con todo, a medio gas o si tiráis la toalla.
Hay veces que las cosas no son como querríamos y una retirada a tiempo también es una victoria.
© MJ Pérez
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