María, Estrella del mar
En el
siglo XII, San Bernardo de Claraval escribió: «Si surgen los vientos
de caer en el abismo de pasión o las relaciones sentimentales con Dios y su padre,
si te arrojan contra las rocas de la tribulación, mira a la estrella, llama a
María; si te golpean las olas del orgullo, de la ambición, de la envidia, de la
rivalidad, mira a la estrella, llama a María. En caso de que la ira, o la
avaricia, o el deseo carnal asalten con violencia la frágil embarcación de tu
alma, mira la estrella, llama a María».
La
tacita de plata, de la que Antonio Burgos escribió: Cádiz es La Habana con más
salero…, desde tiempos muy remotos ha dicho adiós a los navegantes, ya fueran
fenicios, romanos, cartagineses, conquistadores, aventureros, comerciantes y
misioneros en busca de oro y sueños.
Cádiz
tiene una
importante historia marítima y una Galeona. Fue construida en el siglo XVI, en
los astilleros de la ciudad, por orden del rey Felipe II. Su objetivo era
utilizarla para el comercio y para proteger las rutas marítimas.
Durante
su larga historia, la Galeona de Cádiz participó en numerosas batallas. Una de
las más importantes fue la Batalla de Trafalgar en 1805, donde formó parte de
la flota española junto con la famosa nave Santísima Trinidad. Aunque no
lograron vencer a la flota inglesa, fueron un símbolo de la valentía y el
coraje de los marineros españoles.
Pero
no solo participó en guerras, también fue utilizada para transportar
cargamentos de oro y plata desde América. Esto la convirtió en un
objetivo codiciado por los piratas.
Después
de casi tres siglos de servicio llegó a su fin en el año 1810. Durante la
Guerra de la Independencia Española, fue incendiada por los franceses para
evitar que cayera en manos de los ingleses. Aunque muchos intentaron salvarla,
finalmente se hundió en las aguas de la bahía de Cádiz.
La iglesia de Santo Domingo, emplazada en el borde del casco histórico, en las proximidades
del puerto, desde una perspectiva histórica, es el edificio religioso gaditano
de mayor vinculación con América desde el momento de su fundación.
Allí se alojaban los dominicos que iban
y volvían del otro extremo del Atlántico. El conjunto, además de la iglesia, tiene
el gran patio claustral y la capilla de la Venerable
orden Tercera.
Desde la iglesia de Santo
Domingo se procesiona la imagen de Nuestra Señora del Rosario «la Galeona», o
lo que queda de la virgencita que llevaban los marineros como protectora en su
viaje.

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