Ayer, estuvo nevando toda la tarde y no pude salir a dar los
cinco mil pasos que me recomendó el doctor. Por lo que, me puse a bordar a
punto de cruz, una taza de café, platillo y cuchara en un paño de cocina, frente
a la ventana.
De pronto, llegó la tía Ofelia, que a los veinte años murió
en extrañas circunstancias y se sentó a mi lado. Por aquel entonces yo tenía
doce, ahora voy camino de los cien.
Venía dispuesta a merendar y a contarme su vida y muerte. Yo
encantada. Pero, se alargó tanto, que dio lugar a que la chica que me cuida de
noche hiciera acto de presencia. Por lo que le pedí a mi querida tía que volviera
al día siguiente para poder escuchar el final de la historia. Me dijo que sí.
Hoy, a la misma hora de ayer, me senté a esperarla, frente a
la ventana, con el mismo bordado, todo igual, salvo que no nevaba. No apareció.
Quise darle todo tipo de facilidades, abrí la ventana, preparé una mesa para
merendar: Torrijas. Ni siquiera salí a dar mi caminata diaria. Pero, no volvió.
Y fue cuando me di cuenta que, la hermana de mi madre, se me había
aparecido como si fuera joven y llevaba muerta unos ochenta y siete años. ¡Lástima!
No pude reanudar tan interesante conversación.
Y aquí estoy…, sin saber quién fue su asesino.
© Marieta Alonso Más

No hay comentarios:
Publicar un comentario