sábado, 2 de mayo de 2026

Amantes de mis cuentos: A veces, ocurren cosas muy raras

 



Ayer, estuvo nevando toda la tarde y no pude salir a dar los cinco mil pasos que me recomendó el doctor. Por lo que, me puse a bordar a punto de cruz, una taza de café, platillo y cuchara en un paño de cocina, frente a la ventana.

De pronto, llegó la tía Ofelia, que a los veinte años murió en extrañas circunstancias y se sentó a mi lado. Por aquel entonces yo tenía doce, ahora voy camino de los cien.

Venía dispuesta a merendar y a contarme su vida y muerte. Yo encantada. Pero, se alargó tanto, que dio lugar a que la chica que me cuida de noche hiciera acto de presencia. Por lo que le pedí a mi querida tía que volviera al día siguiente para poder escuchar el final de la historia. Me dijo que sí.

Hoy, a la misma hora de ayer, me senté a esperarla, frente a la ventana, con el mismo bordado, todo igual, salvo que no nevaba. No apareció. Quise darle todo tipo de facilidades, abrí la ventana, preparé una mesa para merendar: Torrijas. Ni siquiera salí a dar mi caminata diaria. Pero, no volvió.

Y fue cuando me di cuenta que, la hermana de mi madre, se me había aparecido como si fuera joven y llevaba muerta unos ochenta y siete años. ¡Lástima! No pude reanudar tan interesante conversación.

Y aquí estoy…, sin saber quién fue su asesino.

 

© Marieta Alonso Más

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