«Todo es por la colonia»
La
colonia dormía desde hacía horas. Tras dos largas semanas de preparación, la
ceremonia de entrega de medallas a los héroes, que habían salvado la colonia de
las codiciosas manos de Mandible, se había llevado a cabo con la mejor y mayor
pompa posible. Estandartes vegetales por todas partes, música, fiesta e
ingentes cantidades de comida habían sido la nota predominante durante todo el
día. Pero lo mejor de todo había sido el momento en que Z y ella, por fin, se
habían prometido públicamente.
Bala sonrió casi sin querer mientras se asomaba a la
ventana del pasillo. Casi todo el mundo se había retirado ya de forma
escalonada a descansar, pero ella sentía aún los nervios a flor de exoesqueleto
y dudaba que fuese capaz de conciliar el sueño. Al menos, de momento.
–Una semilla por tus pensamientos –dijo entonces una voz
masculina a su espalda; haciendo que la princesa girase la cabeza con cierta
brusquedad, devuelta de golpe al mundo real. Pero se relajó al ver que era Z y
le ofreció un sitio a su lado con una sonrisa. Sin embargo, su mente seguía
vagando más allá de las diminutas luces que se contemplaban más abajo, en la
ciudad desierta–. Eh –la llamó entonces Z, tomando una de sus manos–, ¿va todo
bien?
Bala sacudió la cabeza y mostró una sonrisa nueva,
indefinida.
–Sí, estoy bien –repuso. Sin embargo, debió saber que Z no
se daría por vencido tan fácilmente y así lo demostró su ceja enarcada. La
princesa resopló suavemente y volvió a clavar la vista en el exterior de la
ventana–. Supongo que han sido demasiadas emociones para un solo día –ironizó
al final, antes de preguntar para cambiar de tema–. ¿Dónde están Weaver y
Azteca?
Z hizo un gesto de falso desconocimiento.
–No tengo ni la menor idea. Pero, entre tú y yo, creo que
han aceptado la sugerencia de quedarse a dormir y han ido hace rato a estrenar
el dormitorio…
Bala puso los ojos en blanco al escucharlo, no sin asomo
de diversión.
–Eres incorregible. Lo sabes, ¿verdad?
Z soltó una risita.
–“Incorregible” es mi segundo nombre.
–Pensé que era Marion –contraatacó Bala, mordaz.
–Oh, sí –repuso Z con naturalidad–. Pero, ya sabes… –se
inclinó hacia ella en actitud cómplice–. Arruinaría mi reputación.
Bala se rio.
–Oh, sí –lo imitó con una sonrisa–. Desde luego.
Tras la chanza, ambos se quedaron en un cómodo silencio,
observando la ciudad dormida y escuchando los suaves sonidos de la misma con
sus antenas. Bala se recostó en ese instante sobre el hombro de Z y él la
acogió entre sus brazos, sin estar muy seguro de qué le sucedía a su amada.
Había estado alegre y vivaz todo el día. Pero, ahora… Parecía sencillamente
agotada.
–Z.
–¿Hm?
Bala pareció dudar un instante antes de armarse de valor y
exponer las dudas que la carcomían por dentro.
–He estado pensando –empezó–… En la colonia, el futuro…
–Eh, Bala –Z la obligó a incorporarse sin violencia antes
de encararla, posando las manos sobre sus hombros–. Nada de presiones, ¿de
acuerdo? Oye, sé que hemos estado a punto de perderlo todo por culpa de tu ex
prometido el lunático; pero, de verdad, creo que todo va a salir bien.
Bala sonrió antes de besarlo suavemente.
–Z… no dudo de eso –aseguró.
Su prometido se quedó pensativo un segundo.
–¿Qué quieres decir?
Bala meneó la cabeza y volvió a clavar la vista en el
exterior del palacio.
–Claro que sé que todo va a salir bien; también sé que mi
madre aún tiene mucho que decir al respecto –aseguró con convicción–. Pero…
empiezo a pensar en las cosas que deben cambiar. Dejar a un lado esa esclavitud
a la que nos sometía Mandible… Y, por otro lado, creo que tenemos que seguir
siendo conscientes de que solo el espíritu de grupo nos hará fuertes como
colonia –se giró levemente hacia Z–. ¿Sabes lo que quiero decir?
Z sonrió a su vez y apretó sus manos con dulzura.
–Quizá hace menos de un mes te hubiese dicho que no. Pero,
ahora… –clavó una mirada decidida en los ojos violeta de Bala–. Creo que
entiendo a qué te refieres. Y creo que he estado algo ciego como para no verlo.
Su amada asintió con suavidad.
–Si perdemos lo que nos identifica como especie, nuestra
capacidad de trabajo en equipo... –empezó, insegura.
Pero Z la interrumpió enseguida posando dos dedos sobre
sus labios.
–Estoy de acuerdo, Bala. De verdad que sí. ¿Sabes? –la
hormiga macho se recostó contra el alféizar, dejando volar sus sueños por
primera vez en voz alta–. Había pensado empezar a organizar sindicatos,
asociaciones... Grupos que hagan que la comunicación fluya entre los distintos
estamentos sociales y la cooperación sea posible entre todos los eslabones de
la cadena productiva y jerárquica de la colonia… Incluso… ¿Qué opinas de una
guardería para larvas donde todas pudiesen criarse en igualdad de condiciones y
solo a la hora de madurar escogieran qué quieren ser?
–Guau… –se sorprendió Bala sinceramente, sonriendo sin
remedio. Z era tan adorable y tan inocente cuando se lo proponía…–. ¿Ya has
pensado en todo eso?
Z pareció bajar entonces de su utópica ensoñación y adoptó
una actitud algo contrita.
–Tú lo has dicho, Bala –arguyó–. Necesitamos una colonia
fuerte. Aunque… sí que es verdad que sigo creyendo que el pensamiento único e
inamovible no va a ser una solución viable a largo plazo –señaló el exterior,
la ciudad dormida, con las palmas extendidas de las manos –. Necesitamos ideas
nuevas y, personalmente, creo que eres la princesa ideal para hacerlo.
La joven se sonrojó sin quererlo y apartó la vista con una
risita avergonzada. No obstante, cuando se giró de nuevo hacia su prometido,
los ojos le brillaban de una manera muy especial.
–Está bien. Lo pensaré.
Estos son Fanfic de Antz (Dreamworks)
© Paula de Vera García
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