sábado, 25 de abril de 2026

Cosméticos

 





El término se creó en el siglo XVII a partir de la palabra griega Kosmetikós que significa: «relativo a la ornamentación». Su uso se remonta a la antigüedad.

Hace 6000 años en el antiguo Egipto ya se usaba el maquillaje. Hombres, mujeres y niños, con independencia de su clase social, recurrían a la cosmética para embellecer su cuerpo, con fines religiosos y medicinales.


En la antigua Roma se daba mucha importancia a la estética y el cuidado personal. Popea, esposa de Nerón, inventó una pasta de miga de pan mojada en leche de burra, con la que se cubría toda la cara antes de acostarse.

La leche de burra se usaba para dar frescura a la piel. En el libro XXVIII de su Historia natural, Plinio el Viejo menciona la leche de burra como excelente cosmético.

Para realzar la belleza y cuidar la piel se utilizaban polvos de arroz, aceites perfumados, cremas para el rostro y ungüentos para el cuerpo. Además, aplicaban máscaras faciales y utilizaban tintes para el cabello. Los perfumes elaborados a partir de flores y especias también eran muy populares.

Los ingredientes naturales han sido la base de los productos de belleza: aceite de oliva, miel, arcilla, aceite de coco y leche de burra.

Un buen maquillaje muestra la piel suave, más juvenil. Las sombras, los delineadores resaltan los ojos y la mirada se hace más profunda, el lápiz de labios los hace ver más gruesos, oculta imperfecciones…

Un buen maquillaje puede lograr que un joven parezca viejo o viceversa, algo muy necesario para los actores.

Un buen maquillaje hasta puede lograr un despertar sexual o resaltar esa timidez propia de las mejillas sonrojadas.

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