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domingo, 5 de junio de 2016

David García Martín: Jaque Mate



Todas las semanas comíamos juntos mi abuelo y yo. Después siempre jugábamos al ajedrez.

Unas veces usaba las blancas. Otras, las negras. La verdad es que poco importaba las que eligiera, al final siempre perdía. Pero hubo un día en que las tornas cambiaron y yo terminé vencedor.

- Jaque mate -dije

Sorprendido mi abuelo miró el tablero.

- No puede ser.

Pero así era y no pude evitar responderle con una sonrisa. La sonrisa de la victoria. Él era endiabladamente bueno, así que yo había tenido un buen maestro.

Hoy, aquellas piezas de ajedrez descansan en un armario. Mi abuelo ya se ha ido, pero yo las guardo, porque sé que llegará un día en que él pueda pedirme la revancha. Entonces volveremos a jugar entre las nubes y solo, el mejor de los dos, terminará diciendo: jaque mate.




© David García Martín

lunes, 24 de junio de 2013

David García Martín: La espiral

LA ESPIRAL


Asustada, la frente sudorosa. Frío. Oscuridad. Y la imperiosa sensación de no estar sola.

         Buscó a tientas el interruptor de la lámpara de su mesilla. Extendió nerviosa su mano hacía la hambrienta negrura, palpó a la espera de sentir el tacto de una monstruosidad sin nombre. Pulsó el interruptor y no ocurrió nada. Fue entonces cuando escuchó aquel sonido, como el de un cuerpo pesado arrastrándose por el suelo del pasillo. Después sintió el olor. Nauseabundo. Corrupto. Mortal.

         Una silueta oscura y malformada apareció en el umbral del cuarto. Por fortuna, la mujer no alcanzaba a verla con claridad. Temblorosa, se parapetó tras las sábanas, como si de un inexpugnable bunker se tratara. Y desde allí, comprobó con angustia cómo la silueta se acercaba a los pies de su cama.

         Un grito de pánico surgió de su garganta. Sentándose en la cama con rapidez, la mujer se despertó. No había sido más que un mal sueño.

         En ese instante un escalofrío recorrió su cuerpo. En el pasillo algo había comenzado a arrastrarse…



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