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lunes, 10 de mayo de 2021

José Carlos Carretero - El suceso que desencadenó mi despertar (Darth Revan): Parte IV

 

El viaje acabó en el único satélite artificial de todo el sistema Rakata. En la mismísima Fragua Estelar.

Fue allí, en su mismo núcleo, donde me enfrenté a Darth Malak en lo que sin duda fue algo más que la batalla final. Algo más allá del duelo a muerte entre un maestro y su antiguo aprendiz.

Fue allí, al encontrarme sólo cara a cara con Malak, cuando resurgió en mí todo el poder que había permanecido latente en mi interior. Una mezcla de sentimientos encontrados, presentes y pasados, vinieron a mi mente.

Pude darme cuenta entonces de hasta qué punto estaba en sintonía con la Fuerza. Sentí todo el torrente de poder que había tenido cuando era Darth Revan recorriendo mi cuerpo. E incluso más que entonces.

Un poder ilimitado.

Pero en esta ocasión no dejaría que fuese el poder el que me controlase. Porque en esta ocasión lo utilizaría para un fin muy diferente.

Ni siquiera ahora el gran Lord Sith en que se había convertido mi antiguo aprendiz, con su gran dominio del lado oscuro, pudo hacer frente al poder más puro de la Fuerza. Por eso el lado oscuro jamás vencería sobre la luz. Mientras que el lado oscuro se alimenta del poder procedente de la destrucción y del odio, el lado luminoso lo hace de los sentimientos más básicos, pero más intensos, el amor y la compasión.

Fue en la Fragua Estelar donde Malak murió. Fue allí donde los Jedi destruyeron la Fragua Estelar por completo y aprendieron de sus errores. Los Sith habían sido finalmente derrotados. La República había vencido y la orden recuperó a su Jedi pródigo. La gente volvía a confiar en sus salvadores.

Para ellos todo había acabado, la República volvía a gobernar la galaxia y los guardianes de la paz estarían vigilando muy de cerca.

Sin embargo, yo conocía la verdad.

Los verdaderos Señores Sith aún no habían hecho acto de presencia.

Aguardaban en silencio, al acecho.

Darth Sion, un lord Sith que acumuló tanto odio en su interior que todo su sistema celular estaba completamente muerto.

Darth Traya, mi primera maestra. Una anciana manipuladora y muy sabia. Era muy hábil a la hora de apreciar las debilidades y flaquezas ajenas y usarlas en su propio beneficio.

Y el más temible de todos, Darth Nihilus. Un monstruo que para vivir necesitaba alimentarse de la Fuerza viviente. De seres, e incluso de planetas enteros.

Un poder supremo.

Un gran don.

Una terrible maldición.


Yo era el único que conocía sus debilidades y el único que podía acabar con ellos antes de que aterrorizasen y gobernasen de nuevo la galaxia.

Dejé todo lo que quería atrás, a todos mis amigos, y decidí iniciar, en solitario, el viaje que me llevaría hasta los confines del espacio conocido y más allá, para hacer lo que debía hacer. Para proteger a todo aquello que amaba.

Para cumplir con mi destino, pues yo soy REVAN.

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Bastila.

Ella siempre supo que yo nunca seguí los caminos de los Sith buscando un poder mayor para gobernar. Simplemente no estaba de acuerdo con los métodos y la filosofía Jedi. Estaban enfocando la forma de ver los problemas erróneamente y, únicamente, busqué un método alternativo. No podía afrontar los problemas con tanta pasividad como lo hacían ellos.

Los Jedi más sabios como Vandar lo intuían, por eso querían capturarme con vida y no matarme. En el fondo sabían que no era un Sith.

No seguí el camino de los Sith, pero tampoco el de los Jedi.

La única verdad es que siempre seguí el camino que creía que era el correcto. Mi camino. El camino para proteger a quienes amaba.

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***Fin del registro*** //_No hay más entradas_//

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Aclaración_/***/_ Revan dejó atrás a su amor, Bastila, y a todos aquellos que le siguieron y confiaron en él, al poco de destruir la Fragua Estelar. Según Bastila, Revan tuvo una visión impactante al matar a Malak en la Fragua, y por la cual decidió comenzar su nuevo viaje.

Vio como dos hermanos, no de sangre sino de vínculo, luchaban en un planeta de lava. Dos Jedi. Pudo sentir la ira, el odio y la confusión en uno de ellos y el dolor, la tristeza y la pena en el otro. Al final uno de ellos cayó víctima del sable láser de su hermano, y se desplomó, herido de muerte.

Ese dolor y sufrimiento, esa ira y sed de venganza se extendió a todos los planetas y a todos los seres que en ellos habitaban. Entendió que, al final, los Jedi que no tuviesen un corazón puro, aquellos que ansiasen algo más allá que mantener la paz y el equilibrio, traicionarían a cualquiera por un poder superior.

El poder del lado oscuro. El poder de los Sith, y lo usarían para amoldar la galaxia a su gusto e ideales.

No podía permitir que los Sith viviesen para transmitir sus enseñanzas. La única misión que Revan tenía, su única obsesión era la de acabar con todos los Sith.

Para ello viajó allí donde ningún otro ser de la galaxia se atrevió siquiera a acercarse. Más allá del borde exterior. Más allá del planeta Zonama Sekot.

Donde la oscuridad y el infinito harían enloquecer al más valiente. Allí donde se decía que moraban los señores oscuros.

No se volvió a saber más de él.

Si Revan consiguió o no su objetivo es difícil de decir, ya que la galaxia nunca dejó de estar acechada por las sombras que esperaban pacientemente el momento oportuno para actuar. Pero lo que sí está claro es que, para que existieran esas sombras, debía haber una luz detrás de ellas con una intensidad sin igual que las provocase.

Se dice que, en las noches más serenas, los maestros más poderosos de la orden pudieron sentir cómo, más allá de las titilantes estrellas que pueden verse en la noche, aparecía una increible concentración de energía que emana de un único ser vivo. Comentan que, de no ser por la lejanía de esa energía, aquel ser emisor de semejante cantidad de energía sería el punto de ruptura central de toda la galaxia conocida. Sería el corazón de la misma.

Aunque, por supuesto, la mayoría asegura que no hay nada en el universo capaz de ser el único punto de ruptura que gobierne todo lo demás.

Ningún maestro se aventura a especular sobre la procedencia de la extraña fuente de energía, pero en la mente de todos ellos aparece un único nombre gritado en silencio.

Revan jamás será olvidado.

En especial por un par de humanos que viven tranquilamente en el pacífico y bello planeta Deralia. Dos que todas las noches miran al cielo, como buscando algo perdido en el mar de estrellas.

Bastila y su pequeño hijo, Erevan.

Nacido pocos meses después de la marcha de Revan, y por el cuál Bastila decidió, casualmente, dejar la orden cuando los maestros Jedi la preguntaron por la identidad del padre.

----*** FIN DEL REGISTRO. Archivo 3129-zt67 clasificado y almacenado en la sala de Holocrones del Templo Jedi en Coruscant ####___***

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Fanfiction basado en Darth Revan, personaje de Star Wars: Caballeros de la Antigua República.

 

© José Carlos Carretero

sábado, 10 de abril de 2021

José Carlos Carretero: El suceso que desencadenó mi despertar (Darth Revan): Parte III

 

Otra pesadilla. La misma de los últimos días.

Estaba dormido cuando sentí un leve temblor. Un repentino choque. Un brusco estallido.

Me desperté sobresaltado en una gran habitación. Al momento recordé dónde estaba. Me encontraba en una gran nave diplomática, la Espiral de Éndar. En ese momento estaba siendo atacada por los Sith en la órbita del planeta Taris.

Yo era uno de los soldados recién alistados en aquella nave de la República. Así que nada mejor que un poco de ejercicio para despertarme completamente.

Tuve que abrirme paso entre decenas de soldados Sith que habían abordado la nave, hasta alcanzar las vainas de escape.

Conseguí escapar con vida de la nave por escasos segundos.

Me encontraba a salvo en la superficie del planeta junto con Carth, un valiente soldado de la Espiral de Éndar gracias al cual había salvado la vida. Pero estábamos atrapados sin poder salir de Taris debido a los bloqueos que los Sith habían establecido en aquel sistema. Al parecer buscaban algo muy importante.

Sin yo quererlo, pronto me vería envuelto en una trama muy complicada de engaños y peligros. Mi misión sería la de rescatar a una mujer, una Jedi sumamente importante que había caído prisionera de una de las peligrosas bandas que habitaban en los bajos fondos del planeta. Una que tenía un don especial que ningún otro Jedi poseía. Una con un poder inusual, la «meditación de combate». Fuera lo que fuese, aquella mujer debía ser alguien muy especial para que los Sith se hubiesen tomado todas aquellas molestias para atraparla.

Mi misión, en resumen, era la de rescatar a la Jedi que mató a Darth Revan.

Cada vez que oía ese nombre, algo en mi interior se removía agitado y mi corazón latía con más fuerza. Aquellas pesadillas que solía tener...

No tardaría mucho en saber por qué.

Una vez rescatada se nos asignó la tarea de encontrar y destruir el mal que había azotado a la República durante los últimos tiempos, el corazón mismo de los Sith, la Fragua Estelar.

Sin saberlo comencé un viaje que ya se había realizado anteriormente, pero esta vez con un propósito muy diferente.

Dantooine, Kashyyyk, Manaan, Tatooine y el misterioso planeta Korriban.


Al llegar a cada planeta tenía una visión. En todas ellas se me mostraba cómo Revan encontraba lo que parecía ser una antigua consola de mandos que le desvelaba parte de un mapa galáctico.

En cada planeta que visitaba llegaba a la misma estancia que había visto en mis visiones, y la misma consola que utilizó Revan en el pasado me obsequiaba con el mismo curioso regalo en forma de mapa parcial de la galaxia.

Era curioso, pero después de tanto tiempo la energía residual de Revan aún permanecía en aquellos lugares donde él estuvo. Su huella en la Fuerza aún permanecía incluso aunque ya no existía.

Cuando tuvimos el mapa completo y la localización exacta de la Fragua Estelar nos dirigimos inmediatamente hacia allí, pero el Leviatán, nave insignia del Señor Sith Darth Malak, nos interceptó y fuimos hechos prisioneros.

Conseguimos amotinarnos y abrirnos paso hasta el hangar de la nave insignia para huir de allí con nuestra nave.

Sin embargo, unos metros antes de alcanzar nuestro objetivo, Darth Malak apareció ante nosotros salido de ninguna parte.

Y fue entonces cuando él mismo me reveló algo totalmente inesperado, pero que de algún modo yo siempre supe.

La verdad de mi ser.

Mi verdadera identidad.

Yo era DARTH REVAN.

Sabiendo que yo era demasiado poderoso como para matarme y tomar mi puesto como Señor y líder de los Sith, mi aprendiz decidió disparar los cañones de su destructor al puente de mando de mi nave cuando los Jedi entraron a capturarme.

Después de eso los Jedi me llevaron a Dantooine, me curaron, borraron mi memoria y me instruyeron desde el principio. La historia de que Bastila había acabado con Revan pronto se propagó como fuego en el espacio por todos los planetas de la galaxia. Los Jedi habían traído la paz. Para todos ellos, Darth Revan, el poderoso Señor Sith, había muerto.

Entonces lo recordé todo. Ahora todo tenía sentido. Ahora todo encajaba. Aquellas pesadillas eran la reminiscencia de Revan en mí.

Sabiendo la verdad pude decidir por mí mismo qué hacer, y qué camino tomar. Tenía los conocimientos y habilidades. Pero ahora tenía una nueva perspectiva. Ahora luchaba por algo muy distinto.

Una vez fui Darth Revan, desde luego. Pero no por ello debía seguir siéndolo. Porque lo cierto es que somos algo más que la mera suma de todos nuestros recuerdos.

De modo que esta vez decidí.

Estaba dispuesto a finalizar con éxito mi misión.

La increible revelación no mermó en absoluto la confianza que mis amigos tenían en mí. Ahora ya no me sentía solo. Podía contar con todos ellos hasta el final. Mission Vao, Canderous Ordo, Juhani, Carth Onasi y Bastila.

En especial encontré en Bastila algo más que amistad. Algo más que la relación que hay entre un maestro y su discípulo.

Por primera vez en muchos años empecé a creer que incluso alguien como yo podría tener una segunda oportunidad. Que podríamos llegar a ser una pareja como cualquier otra.

Luché por la paz en la galaxia, pero habría muerto por Bastila.


Fanfiction basado en Darth Revan, personaje de Star Wars: Caballeros de la Antigua República.


© José Carlos Carretero

miércoles, 10 de marzo de 2021

José Carlos Carretero: El suceso que desencadenó mi despertar (Darth Revan). Parte II

 

 (/8 meses después/)

-Música para su lectura: BSO Star Wars: Caballeros de la Antigua República-


Como recién proclamado Señor de los Sith, mi nuevo nombre era Darth Revan, y ahora tenía bajo mi mando a la mayoría de ex-Jedi que fueron abandonados a su suerte por la orden, y que se sentían confundidos, sin hogar y sin ningún rumbo a seguir.

Si antes, los dos jóvenes y prometedores Jedi eran más que héroes, ahora como Sith ambos eran imparables.


Gobernarían en la galaxia para traer el orden y la paz mediante el puño de acero y el miedo.

Me encontraba en el puente de mi nave insignia, el Ras-Aniquilador, viendo cómo se llevaban a cabo mis nuevos planes para la República. No permitiría que se cometieran de nuevo los mismos errores del pasado. Los Jedi ya no tenían cabida en esta nueva era.

Desde allí podía ver cómo mi aprendiz, Darth Malak, lideraba al resto de naves de asalto contra el planeta de Telos mientras las pocas naves republicanas del sistema intentaban defender los astilleros del planeta en un vano esfuerzo por repelernos.

La mayor flota jamás concebida estaba ahora bajo mi mando directo, así como el escuadrón más letal y eficiente desde los tiempos de la gran guerra Sith, el implacable escuadrón Ta´raysh.

La búsqueda y el posterior hallazgo de la mega estación espacial, llamada la Fragua Estelar, estaba dando sus resultados. Viajar a aquel planeta desconocido, Korriban, no había resultado ser una pérdida de tiempo después de todo.

La Fragua Estelar era la mayor estación espacial conocida. Construía destructores de asalto a una velocidad increíble y con unos costes mínimos debido al avanzado sistema energético que utilizaba.


Ni todas las naves de la república unidas podrían hacer sombra al poder de esa súper estructura. Ya nada en la galaxia podría detenerme. Aunque debía vigilar de cerca a mi aprendiz, Darth Malak. Sabía que deseaba hacerse con el control absoluto a toda costa, y la única razón por la cual aún no se había enfrentado a mí para matarme y ocupar el lugar de Señor de los Sith, era porque sabía que no tenía nada que hacer contra mí. Sabiendo eso, y por el momento, Malak no era más que un sumiso saco de carne a mis órdenes.


De pronto algo interrumpió mis pensamientos.

Estando en el puente de mando percibí algo, un susurro casi inaudible a través de La Fuerza. Segundos después un único Jedi entraba en el puente de la nave destrozando unos cuantos controles de mando y dando buena cuenta de la tripulación allí presente en escasos segundos.

Pude leer en su mente cuál era su misión. La de capturarme, VIVO.

Seguramente los Jedi se habrían dado cuenta de su error al dejar que me marchase de su regazo y querían que regresase con ellos. Querían atraerme de nuevo a su causa. Pero eso no ocurriría jamás.

Mi mano se alzó en dirección al Jedi y mis dedos se cerraron lentamente para formar un puño. Esa nueva sensación de poder que se concentró en todo mi brazo era increíble, ilimitada.

En el momento en el que mi mano se cerró por completo oí un crujido, el crujido de huesos al romperse. Aún no podía asimilar el increíble poder del lado oscuro.

El Jedi que segundos antes rebosaba vitalidad y energía, se encontraba levitando a escasos centímetros por encima del suelo en frente mío, con la vista perdida y el cuello en una posición antinatural. La Fuerza le abandonó un momento antes de que cayese al suelo, totalmente muerto.

Como si hubiesen sido avisados de la urgencia de la situación aparecieron cuatro Jedi más en el puente.

Aquello se ponía cada vez más interesante.

Saqué mi nuevo sable láser y pulsé el conector principal. Un haz de luz de color carmesí brotó de la empuñadura e iluminó el oscuro puente de mando.

Estaba dispuesto a probar mis nuevas habilidades con los inesperados visitantes.


Sabía que no me causarían un gran problema ya que solo uno de ellos alcanzaba un alto nivel de sintonía con la Fuerza. Una bella muchacha en apariencia delicada, pero con una fuerte e inusual presencia en la Fuerza. La hacía destacar del resto, eso era obvio.

"No puedes ganar, Revan", fueron las valientes palabras que brotaron de sus labios.

Levanté mi sable láser para demostrar lo equivocada que estaba. Era una lástima matar a aquella joven, tanto potencial desaprovechado, pero los Jedi ya la habían sentenciado a morir al mandarla ante mí.

Levanté el sable láser, dispuesto a acabar con su existencia. Y en el mismo momento que me disponía a invocar todo el poder del lado oscuro para acabar con los Jedi, sentí que algo me arrollaba por la espalda con una fuerza demoledora.

El vacío me atrajo y me envolvió completamente. Hasta que solo hubo silencio y oscuridad.

Y después, nada.

###**__**_Reproducción de los hechos a través de fragmentos de memoria_^^_###**

Ese fue el final de Darth Revan.


Fanfiction basado en Darth Revan, personaje de Star Wars: Caballeros de la Antigua República.

 

© José Carlos Carretero

miércoles, 10 de febrero de 2021

José Carlos Carretero: El suceso que desencadenó mi despertar (Darth Revan) Parte I

 

 


--4000 BBY--

(/Región mandaloriana del borde exterior galáctico/)


Nos encontrábamos en una época conflictiva en la que solo los más valientes y osados ganarían la guerra.


 

Los mandalorianos conquistaban o destruían despiadadamente todos los planetas que se ponían a su paso mientras se dirigían sin descanso, al núcleo galáctico.


Yo era uno de los caballeros Jedi que luchaba entonces contra la tiranía en la galaxia.

Insistí en no dejarles avanzar más y presentarles batalla por todos los frentes posibles, pero la mayoría de los Jedi, en especial los más «sabios», los a veces orgullosos maestros Jedi, no creían que esa fuera la mejor forma de afrontar el conflicto.

¿Qué podía hacer? No podía quedarme con los brazos cruzados mientras todo lo que quería era destruido.

No contaba con el apoyo del consejo ni de la orden, sin embargo, sabía que muchos Jedi de menor rango me seguirían sin dudarlo. En especial los más jóvenes, ávidos de aventuras y en busca de retos a la altura de sus extraordinarias habilidades.

Valiente, carismático, poderoso y un gran estratega. Así me describían todos aquellos que me siguieron fielmente en la ofensiva que cambiaría el rumbo de la galaxia.

Reuní una inmensa flota y provoqué a los mandalorianos para que cayesen sin pensar en una emboscada que habíamos preparado para estos patéticos seres en el sistema Niury.

Ahí fue donde las tornas empezaron a cambiar.

Perdí a muchos amigos y compañeros leales. Las batallas eran terriblemente difíciles y cruentas. Poco a poco fuimos reconquistando todos y cada uno de los planetas perdidos e hicimos retroceder a los mandalorianos.


Después de seis largos meses de cruel campaña llegamos al escenario donde tendría lugar la última batalla de esta maldita guerra, el final del principio, Malachor V. Un planeta muy alejado del núcleo galáctico. Un planeta inhóspito, misterioso y estéril.


Fue allí donde derroté de una vez por todas al despiadado líder de los mandalorianos.

Cuando mi sable láser rebanó la cabeza de Mandalore, sentí algo en mí que me hizo sentir bien. Mejor que bien. Mejor de lo que había estado en mucho tiempo.

Por fin la guerra había acabado.

Pero a pesar de la gran victoria, miles de Jedi y de leales tropas habían muerto masacradas o permanecían prisioneros de los reductos mandalorianos que se batían en retirada.

Si al menos la orden Jedi hubiera accedido a participar en la batalla no habríamos contado los muertos por decenas de miles.

Si al menos todos esos malditos maestros hubieran luchado a mi lado y no se hubiesen quedado sentados mientras me exponían interminablemente su código de conducta Jedi…

Lo único cierto es que habían abandonado a los suyos, a sus propios aprendices Jedi a su propia suerte. Aquellos que tan leal y ciegamente me siguieron en esos oscuros tiempos. Aquellos que sacrificaron sus vidas en un intento de hacer de la galaxia un lugar mejor. 

En especial hubo un joven, Alek, que siempre estaba a mi lado por difícil que fuese la situación. Era increíblemente poderoso en la Fuerza para su edad y un hábil piloto.

Siempre me apoyaba en los momentos más difíciles de la batalla cuando el resto dudaba. Según pasaba el tiempo, Alek y yo nos hicimos grandes amigos, más aún en aquellos momentos críticos.

Más que eso, más que hermanos.

Aquellos que oyeron hablar de nosotros nos consideraban una leyenda viva.

Se decía que destacábamos en solitario, pero que juntos éramos imparables, invencibles. Éramos la última esperanza que le quedaba a los seres que habían perdido la fe en la República y en la Orden Jedi.

Cada vez que la batalla se trasladaba a la cercanía de un nuevo planeta, todos los habitantes de este miraban la HoloRed para no perder detalle de como la impresionante fuerza salvadora arrollaba a los invasores y les expulsaba del sistema.

Sin embargo, los niños no miraban las noticias para ver la ingente cantidad de naves Capitales que aparecían en el campo de batalla.

Miraban al cielo fijamente buscando algo muy concreto, pero sin poder ver cómo dos estallidos prismáticos de reversión al espacio real aparecían de pronto en la oscuridad del infinito.

Deseando ver aquello que habían estado esperando durante tanto tiempo, pero sin poder llegar a ver realmente como lejos del campo gravitatorio del planeta surgían del hiperespacio una pareja de cazas estelares modificados que se sumergían, disparando todos sus cañones, en la tormenta de cazas mandalorianos.

Una pareja de cazas. Cazas Jedi. Sólo dos. No se necesitaban más.

Revan y Malak. Porque eran ellos los que marcaban la diferencia. Porque eran un equipo. Eran el equipo.

«Y siempre será así. Siempre estarán juntos», decían.

Porque, aunque ahí se acababa la Edad de los Héroes, se había dejado lo mejor para el final.

Una vez muerto el líder de los mandalorianos la flota estaba preparada para regresar a Coruscant para la celebración de la ansiada victoria. Yo deseaba regresar a mi mundo natal, Deralia, para comprobar la suerte que había corrido el planeta.

Pero, antes de partir, algo con lo que no contaba apareció ante mí en Malachor V.

Descubrí un palacio majestuoso y brillante como el marfil de Krotax, que irradiaba una energía extraña, en uno de los valles del planeta. Me sentí atraído. Algo en su interior me llamaba...

No sé cómo describirlo, pero la Energía que emanaba de aquel lugar era algo muy atrayente. Misteriosamente, la energía de la Fuerza estaba presente en aquel palacio.

No puede resistir su llamada, así que decidí entrar. En el centro mismo encontré una sala que contenía viejos archivos, holocrones con todo el conocimiento de los antiguos Sith. En especial, me llamó la atención las referencias a un planeta hasta entonces desconocido para mí, Korriban.

En ese momento algo despertó en mi interior. Pensé que, si aprendía los conocimientos ocultos durante milenios de los Sith, llegaría a ser más fuerte y podría proteger a aquellos que me fuesen leales. Podría defender a los que quería y amaba. Ya no necesitaría las enseñanzas y la protección de los Jedi. No tenía nada más que aprender de ellos.

Tenía razón en todo, salvo un pequeño detalle... ¿Cuál era el precio que tendría que pagar para conseguirlo?


Fanfiction basado en Darth Revan, personaje de Star Wars: Caballeros de la Antigua República.



© José Carlos Carretero


domingo, 10 de enero de 2021

José Carlos Carretero: Archivos privados de Darth Revan V. El abismo

 

«...en la oscuridad. El lugar al que perteneces».

Poco a poco te vas dando cuenta de lo que sucede. Pero, aunque ahora sepas lo que pasa no puedes llegar a entenderlo. Es imposible. Es incomprensible.

Ves que cuanto más te esfuerzas menos consigues. Cuanto más valiente te vuelves, más miedos te acechan por doquier. Cuanto más amas, más te odian. Cuanto más te ríes más triste te sientes.

Cuanto más te esfuerzas por evitar tu destino más rápido te acercas a él.

Paso a paso te acercas al gran abismo.

No puedes parar y todo lo que haces para intentar evitarlo se vuelve contra ti.

Cuanto más lo intentas ralentizar más lo estas acelerando.

Sientes la vida fluir a tu alrededor, su energía y sus constantes fluctuaciones que se ramifican para dar lugar a una compleja red que une todo y a todos. Ves los distintos puntos de ruptura recaer sobre los más capaces de la galaxia. Sobre aquellos que podrían marcar la diferencia.

Pero toda ella te esquiva.

Eres la oscuridad que viaja junto a la luz, y te evita.

No encajas. Nunca lo has hecho.

Siempre has querido ignorar este hecho. Pero siempre has sabido que es verdad. Desde aquel día hace tantos años. Desde que todo empezó siempre has vivido con aquel peso encima. Con aquel secreto maldito. El secreto de tu propia existencia. Desde el mismo comienzo ya eras distinto, ya no encajabas.

Comprendes entonces el dolor que se expresaba en los antiguos archivos de Korriban.

«No hay un dolor mayor en el universo que saber que no le importas a nadie»

Entiendes esta verdad con tanta fuerza que te duele. Pero es tu verdad. La verdad de tu existencia.

Intentas por todos los medios cambiar tu destino, pero tú eres la pieza clave. El destino no te va a dejar ir. Hagas lo que hagas te acercas cada vez más a aquello que intentas evitar.

Y entonces es cuando llega la duda.

¿Seguir luchando o dejarse llevar?

Sabes que hagas lo que hagas el final será el mismo.

Pero, aunque el final sea el mismo, el camino recorrido es la clave.

Quizás lo único que pueda cambiar sea el camino.

Quizás eso será lo que te diferencie de tu aprendiz. Tú aún puedes elegir el modo de llevar tu vida.

Él ya estaba demasiado cegado por el poder como para asumir que alguien que se hubiese redimido y que no se dejase llevar por la ira y el odio de su corazón pudiese llegar a derrotarle.



(Su presunción fue su debilidad, además de su último error)

Pero poco a poco, paso a paso te diriges irremediablemente a tu propio destino. Tu destino final. Allí donde ya no serás un extraño.

El abismo en la oscuridad. El lugar al que perteneces.

 

Fanfiction basado en Darth Revan, personaje de Star Wars: Caballeros de la Antigua República.

 

© José Carlos Carretero