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jueves, 23 de septiembre de 2021

Juan Ángel Juristo: Monumento de amor, Epistolario y Lira

 

Juan Ramón Jiménez, inédito


Juan Ramón Jiménez y Zenobia Campubrí, recién casados

Es ya un lugar común referirse al fondo sin fin que parece tener la maleta dejada por Fernando Pessoa, maleta que ha permitido, y la cosa no ha acabado, editar inéditos del poeta portugués durante treinta años: he llegado, por ejemplo, a contar cuatro ediciones aumentadas de El libro del desasosiego en mi biblioteca y alguna que otra edición de relatos policíacos, amén de poemas inéditos de alguno de sus heterónimos más logrados e, incluso, dar a la luz algún que otro nuevo heterónimo, eso sí, de importancia menor. Tan lejos ha llegado la cosa que parece cierto que Pessoa se ha convertido en un poeta rentable para las editoriales y, por supuesto, para las universidades, donde existe una auténtica industria filológica dedicada al poeta.

Pero a nosotros nos sucede algo similar aunque su alcance no traspase el ámbito de nuestras fronteras idiomáticas por cuestiones de marketing, no de excelencia poética. Me refiero a la cantidad de papeles inéditos que sigue otorgando Juan Ramón Jiménez, un poeta que nunca dejó de revisar su obra, haciendo de toda ella una especie de work in progress perpetua que sólo la muerte podía resolver. Así, y por limitarme a lo más reciente, es decir, lo editado en escasas semanas, se han publicado en la Fundación José Manuel Lara, y bajo el título de Historias, 27 poemas inéditos, algo que se ha convertido cada cierto tiempo en costumbre, recordemos los dos tomazos de miles de páginas que Espasa publicó de las prosas de Juan Ramón Jiménez donde nos encontramos maravillas como Madrid posible e imposible , Crímenes naturales o Un león andaluz, mientras la Residencia de Estudiantes acaba de editar la totalidad de las cartas que Juan Ramón dirigió a lo largo de su vida a Zenobia Camprubí, su mujer, y persona esencial para que el poeta pudiera, sencillamente, sobrellevar su inquieta existencia, dedicada en exclusiva a la adoración a la poesía, a realizar una obra que va creciendo con el tiempo y que nos muestra la enorme grandeza e importancia de quien, probablemente, sea el gran poeta español del pasado siglo. Yo, desde luego, así lo creo. El libro se completa, no podía ser de otro modo, con las cartas de Zenobia en respuesta y que, casi seguro, hace de este libro algo único, un acontecimiento literario.

Monumento de amor. Epistolario y lira, es el título descriptivo dado a esta correspondencia en estupenda edición de María Jesús Dominguez Sio, un epistolario fechado en anteriores entregas con el mismo título entre 1913 y 1916, es decir, los años que transcurren desde que Juan Ramón conoció a Zenobia hasta su matrimonio, que produjo ese gran libro que es Diario de poeta y mar, pero que en esta ocasión incluyen las cartas que el poeta dirigió a su mujer desde ese emblemático 1916 a 1956, en total 727 cartas, de las que las primeras 412 están escritas en esos tres años que van de 1913 a 1916. Increíble.

Portada de ‘Monumento de amor. Epistolario y lira’, el último epistolario publicado del poeta Juan Ramón Jiménez. / La Residencia de Estudiantes


Todo aderezado con ese aire de época que le otorga un aire de cursilería irremediable, como por otra parte leemos en las cartas que Pessoa dirigía a su novia,
 Ofelia, que encima era mujer medio analfabeta y el poeta se sentía obligado a emplear vocabulario de folletín. Pero vayamos a Zenobia y Juan Ramón: él la quiere, ella le dice que no lo tiene claro y que lo que debería ser es un hombre de provecho, tener un trabajo fijo y remunerado, que es manirroto, que no sirve ni para hacerse un cosido, y él, entonces, saca pecho y le envía listado de lo mucho que trabaja y adjunta listado de publicaciones y traducciones, amén de colaboraciones. No olvidemos que Zenobia era hija de madre norteamericana y tenía mucho aprecio por los valores burgueses y puritanos.El libro finaliza, como sugiere el título, con la inclusión del poemario Lira, pero con todo creo que lo mejor de esta correspondencia son las cartas de Zenobia: en los años de noviazgo ella le dirige misivas donde, se diría ahora, “le da caña”; ella le reprocha, una y otra vez, ser grosero, mostrarse bruto, insultarla, ofenderla; él, entonces, se rebaja cual hombre apaleado y le promete, una y otra vez, enmendarse, no volver a las andadas y cambiar definitivamente, y esto se repite de nuevo, incesantemente, hasta el punto de que uno se pregunta si no está asistiendo a un código secreto, eso sí, muy íntimo, oculto tras unas palabras de matiz sadomasoquista de baja intensidad.

Juan Ramón se rebela contra esa tradición y le pide en matrimonio y formar una pareja alejada tanto de los valores burgueses anglosajones como de los del tradicionalismo español y ser dos que llevan los avatares del día compartiendo alegrías y amarguras. Sucede lo irremediable: una correspondencia que al principio habíamos empezado con energía, se nos va deslavazando poco a poco hasta el punto de no reconocer al poeta más grande de su tiempo, no pronuncia frase sobre literatura, y hacernos una idea equivocada de una de las mujeres más emprendedoras e interesantes de aquella España anclada en tremendo conservadurismo.

La importancia, pues, de este tremendo tomo, 1337 páginas, radica en ofrecernos la totalidad de esa correspondencia. Es probable que una antología hubiera resaltado la calidad escondida entre los convencionalismos de la época, pero nos hubiera dejado una sensación falsa, la de esconder esa profusa nadería en la que todos navegamos cuando caminamos en amorosas aguas.

Es de agradecer.


Juan Ángel Juristo

Cultura Libros



10 de septiembre de 2017

viernes, 23 de julio de 2021

Juan Ángel Juristo: Virginia Woolf. Diarios 1925-1930

 

Virginia Woolf, la vida es un soplo en una llama

Virginia Woolf
La escritora Virginia Woolf cuando tenía 20 años. / Wikipedia

Salvo el caso de Flush, que se publicó en Destino en la década de los cincuenta y Una habitación propia que publicó Seix Barral en 1967, la obra de Virginia Woolf se editó entre nosotros sólo tras la muerte de Franco, y no es descabellado suponer que las entonces incipientes plataformas feministas tuvieron mucho que ver con la rápida traducción y edición, por parte de Lumen (ay, Esther Tusquets, cómo se te echa de menos) de las obras de una de las grandes escritoras del siglo XX. Pero había una laguna que sólo ahora parece rellenarse, una ausencia casi imperdonable habida cuenta de que muchas de las obras de la autora británica se han reeditado de manera constante en estos treinta años, aprovechando el tirón mediático, como la reedición de La señora Dalloway cuando se estrenó el film Las horas, que dirigió en 2002 Stephen Daldry con música de Philip Glass e interpretada por Nicole Kidman, Meryl Streep Julianne Moore y las sucesivas tiradas de Una habitación propia y Tres guineas, ensayos donde Virginia Woolf expone su ideario de la libertad femenina, incluída una ingenua posición ante la guerra con la esperanza de que fueran las mujeres las que acabaran con la lacra. Esa ausencia imperdonable es la edición de los Diarios de la autora británica que parece que se va a hacer cargo la editorial Tres Hermanas: a lo largo de algunos años se publicarán los cinco tomos de los que constan y ahora, a finales de este mes, saldrá el primero de ellos, que abarca los años que van desde 1915 a 1918 en traducción de Olivia de Miguel y prólogo de Inés Martín Rodrigo. Laguna imperdonable que esperamos quede anegada con una edición impecable.

Porque hasta ahora la publicación fragmentaria de los Diarios de Virginia Woolf ha sido un tanto caótica, por emplear una palabra amable. Los Diarios constan de casi treinta cuadernos que se conservan desde 1979 en la Biblioteca Pública de Nueva York y son prácticamente la única obra que Virginia Woolf quiso salvar de su casa londinense de Tavistock Square antes de que la destruyera los bombarderos alemanes en 1940. Este material ha sido tratado en las ediciones anglosajonas de dos maneras: Leonard Woolf hizo una selección de los Diarios de su esposa y destacó sólo aquello que tenía que ver con sus reflexiones literarias. Llamó a éstos Diarios de un escritor y fue una de mis primeras experiencias de lectura de la escritora británica en la versión francesa de Editions du Rocher bajo el título de Journal d´un ecrivain. Leonard Woolf publicó aparte La muerte de Virginia, texto más breve que trata de los últimos días de la vida de su mujer antes de que se suicidara ahogándose en el río Ouse. Por su parte, Anne Olivier Bell editó en cinco volúmenes los Diarios en 1977 en la Hogarth Press, que hay que decir no están completos del todo a pesar de su ingente material y que es la versión que publicará Tres Hermanas en español aunque la publicidad inherente a estos casos se empeñe en lo contrario.

Hasta ahora, salvo la edición de Siruela que reproduce en su integridad el tomo tercero de los Diarios, es decir, los que comprenden los años que van de 1925 a 1930, han sido parciales, cosa que no debe importar siempre que se diga que no recogen los textos completos. No ha sido así, desde la traducción de Justo Navarro, con el título de Diario íntimo, hasta la llamada Hogarth House, 1915-1921, traducida por Antonio Merino, Inma Arrillaga y Sara Múgica, que es casi una mera repetición de la versión de Navarro, las versiones españolas han sido traducciones de fragmentos y es ahora, con la proyectada edición de Tres Hermanas donde se aborda la edición completa de Anne Olivier Bell.

Virginia Woolf
Portada de los ‘Diarios’ de Virginia Woolf que publicara hace un tiempo la Editorial Siruela

La introducción es del sobrino de Virginia Woolf, Quentin Bell, autor de una celebrada y primeriza biografía de su tía, y la edición de la mujer de éste, Anne Olivier, que en muchas ocasiones ha declarado que cree que todo lo que se anota en esos Diarios de la tía de su marido no se ajusta a la realidad. En realidad la cuestión, aunque importante para la familia, nos importa poco porque lo interesante de estos textos son justamente el modo en que percibía las cosas la autora de Las olas, una de las narraciones más curiosas que nos haya sido dado leer, como bien dejó constancia en un bello ensayo su traductora al francés, Marguerite Yourcenar.

Parece ser que la edición respeta la grafía de la autora, que anotaba “&” y no “y” cuando quería describir situaciones cotidianas y se reservaba esa “y” para reflejar momentos más elevados. La Yourcenar, con su tremenda lucidez, afirma que Virginia Woolf era una mística y que no lo sabía. Como los místicos, la verdad es que proyectaba estados de ánimos en cosas materiales, como la manía del grafismo, y lo cierto es que la mente de esta mujer, depresiva, bipolar que se dice ahora con especial falta de rigor, que veía la vida y sobre todo el Tiempo como una secuencia llena de atmósferas, de tono, fue capaz de detectar como pocos el espíritu de su tiempo y, desde luego, el irrepetible, el suyo, transfigurando el mundo, dándonos un buen ramillete de obras maestras.

Hora es ya de sumergirse en su intimidad.


Juan Ángel Juristo

Cultura Libros


 10 de noviembre de 2017

domingo, 23 de mayo de 2021

Juan Ángel Juristo: Malcolm Lowry, Rumbo al Mar Blanco

 

Las travesías fantasmagóricas de Malcolm Lowry


Malcolm Lowry / Wikipedia

In Ballast to the White Sea, ‘Sin lastre hacia el Mar Blanco’, es una novela inédita de Malcolm Lowry cuyo manuscrito se creía perdido en el incendio de la casa del escritor el 7 de junio de 1944 y que apareció, para inmenso goce de los seguidores del autor de Bajo el volcán, hace escasos años. Ahora, se publica estos días en español de la mano de Malpaso Editorial en traducción de Ignacio Villaro Gumpert y bajo el título sugestivo de Rumbo al Mar Blanco que otorga a la novela un aire de aventura querido y buscado por el autor aunque creemos que pierde, sin embargo, sin esa referencia al barco que navega sin lastre, parte de esa carga simbólica que tanto gustaba Lowry de colocar en sus libros: al fin y al cabo toda su obra, por fragmentada que sea, posee esa implacable coherencia estética que le hace creerse el Dante del siglo XX, creando una Divina Comedia con su particular Infierno, Purgatorio y Paraíso.

Rumbo al Mar Blanco es la historia de dos hermanos que se reconcilian después de afrontar tremendas discrepancias en torno al naufragio del barco de su padre, naufragio que se ha cobrado vidas humanas. Ni que decir tiene que el libro es complejo y, sobre todo, no puede ser de otro modo, atormentado… tanto como la historia que se esconde tras el rescate del manuscrito, rescate que debe mucho a la especulación, como casi todo lo que tiene que ver con Lowry.

En aquel famoso incendio de la casa en 1944, Margerie Bonner, su mujer de entonces, se internó entre las llamas y salvó el manuscrito de Bajo el volcán. Lowry llevaba trabajando desde 1931 en una novela que en ese año de 1944 había alcanzado las mil páginas y cuando Margerie recuperó el manuscrito de Bajo el volcán, el escritor se metió entre las llamas, repetimos la manida frase porque parece que sucedió así, para salvar lo que consideraba su obra mayor. Imaginemos la escena: de las mil páginas sólo quedaron algunas entre un montón de acusadora ceniza. El dolor fue tan intenso que en las cartas que Lowry dirigía muchos años después aludía a esa pérdida como algo irrecuperable, a una empresa fatalmente malograda… otorgando un componente de tragedia clásica a esa pérdida porque en Lowry todo llevaba su carga de signos.

Pero la memoria juega malas pasadas. Se le había olvidado que había dejado una copia de papel carbón en la casa neoyorkina de su suegra en 1936, cuando se casó con la actriz Jan Gabrial y con la que viajó a México por aquellos años. Cuarenta años de anonimato hasta que tras la muerte de Margerie en 1988, para hacer inventario del patrimonio de Lowry, se descubrió el manuscrito, que fue depositado en los fondos de la New York Public Library. La novela comienza con una referencia al mundo universitario de Cambridge, donde Lowry aprendió a trasegar sin medida, costumbre que adquirió proporciones míticas en Oaxaca, donde fue detenido, y cuya experiencia infernal llevó a cabo encerrándose en una cabaña en Canadá durante tres años escribiendo la cuarta versión de Bajo el volcán, novela que fue rechazada por doce editoriales en pocos meses y que Orson Welles se negó a llevar al cine alegando que en esa novela no sucedía nada. John Huston, años más tarde, llevó la historia del cónsul a la pantalla dando la razón a Welles: no era novela para hacer una película porque suceder, suceder, lo que se llama suceder, no sucedía nada y, sin embargo, pasaba de todo en una introspección de carácter mítico de tal envergadura que sobraban las imágenes.


Rumbo al Mar Blanco

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En Rumbo al Mar Blanco ese simbolismo aparece trufado con elementos de Bajo el volcán, aparece Cuernavaca, y Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, donde el protagonista, Sigbjorn, se llama igual que uno de los hermanos, el otro es Tor, elementos unidos bajo un lirismo conmovedor, señas de identidad de un escritor que veía en Melville y Kafka a dos hermanos ligados a él por la intensidad poética y el fondo simbólico de sus obras: Moby Dick y K: la novela de Melville, claro, pero sobre todo, El proceso, narración que siempre comparaba con la suya, incluso sabiendo que ese parecido no le otorgaría ventas, por lo menos antes de morirse, premonición que no se cumplió porque la aparición de Bajo el volcán le convirtió en autor de culto, pero ¿hay algo más ambiguo que ser autor de culto? Lowry siempre se creyó preterido… a lo mejor hasta no le faltaba razón.

Tenemos, pues, la oportunidad de acercarnos a Lowry, de nuevo, a través de un inédito que contiene todas las claves que han hecho legendaria su obra, es decir, una sobrecarga de elementos míticos y simbólicos escritos y desvelados con una escritura de elevados tonos líricos, tonos que se inmiscuyen en cualquier orden de la vida, hasta hacer de ella algo que sirve tanto para una tragedia de corte clásico como para una película de vaqueros. Algo que no gusta a todo el mundo: muchos opinan que Lowry en ciertos aspectos es banal y que su obra es producto de una época.

No seremos nosotros los que opinamos así. Por eso nos hemos ocupado de Rumbo al Mar Blanco. Para los que la lean: buena travesía.




Juan Ángel Juristo

Cultura Libros

1 de septiembre de 2017

martes, 23 de marzo de 2021

Juan Ángel Juristo: Entrevista a Pablo D'Ors

 

Pablo D’Ors: «Escribí ‘Entusiasmo’ en estado de gracia. Es mi novela más lograda»

Pablo D'Ors, autor de la novela 'Entusiasmo', que él mismo considera que es su obra más conseguida
Pablo D’Ors, autor de la novela ‘Entusiasmo’, que él mismo considera que es su obra más conseguida. / Fundación Cajasol (UFlickr)

Pablo d’Ors (Madrid, 1963), nieto de Eugenio d’Ors, es uno de los escritores más interesantes de la narrativa española de los últimos veinte años. Con Andanzas del impresor Zollinger consiguió el respeto de la crítica, que se mostró más reacia cuando publicó en 2012, Biografía del silencio, un ensayo sobre la armonía espiritual que fue un best seller para este tipo de libros entre nosotros, vendió cien mil ejemplares. A partir de entonces, los libros de D´Ors han adquirido cierta popularidad que muchos, adictos a la dificultad perenne, no le perdonan. D’Ors acaba de sacar su última novela, Entusiasmo (Galaxia Gutenberg), una enorme novela de tema iniciático dentro de la tradición de la Bildungroman centroeuropea, cultura en la que D’Ors fue educado desde la niñez. La narración es compendio de toda su obra anterior, un suma y sigue donde se aúnan experiencias y expectativas múltiples que posee una vocación de totalidad en clara oposición al fragmentarismo obligado de la literatura actual.

D’Ors es sacerdote y ejerció de capellán hospitalario en el Ramón y Cajal hasta que el Papa Francisco le nombró consejero del Consejo de Cultura del Vaticano. De esa vocación y de su asociación “Amigos del desierto” y, por supuesto, de su última novela hemos charlado con él en esta entrevista donde el silencio no tuvo lugar.

Portada del libro.
Portada del libro.

 Cuando le conocí, usted ejercía como capellán hospitalario. Luego, inspirado en el jesuita Franz Jalics, fundó “Amigos del desierto”, cuya finalidad es difundir la dimensión contemplativa a la luz del cristianismo. ¿Qué diferencia existe entre esta vía y otras enseñanzas contemplativas de culturas diferentes, ya sabe, sufismo, zen…?

— Mi tarea como capellán hospitalario y como fundador de la red de meditadores Amigos del desierto es, en el fondo, muy parecida: trato de aliviar el sufrimiento ajeno. Para mí es claro que no hay enfermedades simplemente físicas, sino que todas tienen un componente psíquico y espiritual. El agnosticismo contemporáneo en Occidente nos ha privado –es obvio– de las terapias netamente espirituales cuya cepa es el cristianismo. Por mi parte, no he encontrado un tesoro mayor. La diferencia sustancial entre las tradiciones del conocimiento silencioso no cristianas y la cristiana es, como no podía ser de otra forma, Jesucristo. Y hablar de Jesucristo en este contexto terapéutico o sanador es tanto como hablar del cuerpo y de la palabra. El acceso al misterio del ser desde el cristianismo no se realiza sin una determinada mística corpórea y verbal.

 Desde Las ideas puras o Andanzas del impresor Zollinger, su obra siempre me pareció una de las de más calidad de la narrativa española. Sin embargo, el éxito le vino con Biografía del silencio, y a partir de ahí… ¿Cree que una de las razones es el oculto hambre de armonía mental  del que la gente está tan necesitada?

«A partir de la Biografía del silencio, mis libros rompen el marco de lo estrictamente literario y llegan al lector en general. Ganar lectores tuvo su precio: perdí la estima de la crítica»

— Gracias por el elogio. A partir de la Biografía del silencio, mis libros rompieron el marco de lo estrictamente literario y llegaron al lector en general, no sólo a aquel que le interesa la literatura. Claro que ganar lectores tuvo su precio: perdí la estima de la crítica. El éxito de mi Biografía del silencio no es simplemente comercial, sino existencial: son muchas las personas –las ventas dicen que más de cien mil– que aseguran haber encontrado en este ensayo una fuente de sentido que orienta su camino interior. La razón fundamental por la que este pequeño libro haya podido llegar a tantos corazones no está –es evidente– en su presunta calidad literaria, sino en la pertinencia de lo que en él se dice: hay en nuestros contemporáneos un anhelo espiritual que saciar, y este ensayo ofrece pistas, humildes pero rotundas, de cómo se articula esa búsqueda.

 Su última novela, Entusiasmo, es una enorme y gran descripción de una iniciación a la vida. Usted, como buen deudor de la cultura centroeuropea, tiende a la Bildungroman. ¿Podría catalogarse esta novela en esa tendencia?

— A mi entender, Entusiasmo se inscribe claramente en esa tradición literaria. El ideal del bildung era, como es bien sabido, la libertad interior y la moralidad. Schiller, por ejemplo, aseguraba que en su época se había destruido la integridad espiritual del ser humano. Por eso, contra la fragmentación individual y la automutilación, la llamada bildung reafirmaba el valor de formar un todo consigo mismo, con la naturaleza y con los demás. Pretendía que el individuo volviera a sentirse nuevamente bien en el mundo en el que le había tocado estar. Mi novela Entusiasmo, en esta misma línea, es, esencialmente, un canto a la vida: un homenaje a esa contradicción armónica que nos constituye.

 ¿Qué representa para usted la juventud? Se lo digo porque siempre está presente en su obra. Incluso escribió Contra la juventud…

— La juventud no es sólo esa etapa de la vida que situamos entre la adolescencia y la madurez, eso es obvio. La juventud es, en esencia, un talante: esa fuerza que permite encarar lo que se tiene enfrente con un renovado ímpetu y con una esperanza probada. Creo, en efecto, que hacen falta muchos años para ser joven. Y creo también que sólo leen novelas quienes aún se sienten jóvenes, es decir, interesados en el misterio de la identidad personal.

 ¿Es Entusiasmo una novela en que usted ha querido rendir cuentas con un probable otro Pablo d’Ors que se le parece?

«Entiendo la novela como una exploración en la identidad desde egos imaginarios. El protagonista de Entusiasmo, y los demás personajes de mis novelas son yo mismo»

— Entiendo la novela como una exploración en la identidad desde egos imaginarios. En este sentido, tanto el protagonista de Entusiasmo, como los demás personajes de ésta y de mis otras novelas son, en última instancia, yo mismo. Lo que pasa es que lo que sucede en Entusiasmo es más parecido a lo que realmente me ha sucedido a mí. Eso puede hacer pensar que se trata de una autobiografía, algo que no puedo ni quiero negar del todo. Es una auto-ficción, pues realmente nada de lo que me ha sucedido está ahí contado tal cual, si bien todo es inmensamente parecido a lo que a mí me tocó vivir. Pretendo con ello reivindicar el papel de la fantasía para entendernos a nosotros mismos. Una novela es la suma de memoria y fantasía, y eso exactamente es Entusiasmo.

 A mí esta novela me parece esencial en su obra. Representaría una especie de suma y sigue, donde se expresan personajes de toda laya y condición. Creo que en cierta manera representa cierta apoteosis de lo posmoderno… ¿Está de acuerdo? Por supuesto me refiero a posmoderno en el sentido de la narrativa de Nabokov, Kundera, John Barth, Robert Coover…

— Entusiasmo es mi libro más logrado, así es como lo siento. No creo afirmar esto simplemente porque sea el último de mis partos, sino porque sé haberlo escrito en estado de gracia: como poseído por esa fuerza interior que los románticos llamaban inspiración y que los escritores de ficción conocemos bien y disfrutamos hasta el punto de no querer cambiarla por nada en el mundo. Se trata de un libro fresco y vivo, ligero y rotundo, una historia que no se había escrito –que yo sepa– hasta el momento. Pero no soy yo –es evidente– quien debe cantar las alabanzas de mi obra, no resultaría creíble. Sí, es un texto postmoderno en el sentido que yo soy un tipo postmoderno, es decir, alguien que ha despertado del sueño de la razón. Pero no lo es en el sentido que Umberto Eco, por dar un ejemplo, da a sus novelas: un mero juego semiótico, sin verdadera búsqueda de la verdad, de la belleza o del bien.

 La  crítica siempre le ha otorgado  cierta fascinación por Kafka. Usted que es sacerdote, ¿piensa que en Kafka se da la gran metáfora de la literatura teologal del siglo XX? ¿Hasta qué punto es  esencial para ello su condición de judío?

«Franz Kafka me interesa, sobre todo, como arquetipo de escritor: vivió la literatura como religión, lo que significa que se inmoló a sí mismo en el altar de las letras»

— Kafka me interesa, sobre todo, como arquetipo de escritor: vivió la literatura como religión, lo que significa que se inmoló a sí mismo en el altar de las letras. Para responder a esta pregunta diría que cuando ya no hay religión, el arte se convierte en la única religión o esperanza. Y en ese sentido, Kafka es el sacerdote por excelencia de las letras contemporáneas. De la Palabra de Dios casi podría decirse que hemos saltado a la palabra de Kafka. En aquélla todo es simbología; en ésta, en cambio, todo es sintomatología. Para mí Kafka identificó escritura con vida interior. Escribir y vivir eran para él lo mismo. Para mí, en cambio, lo difícil no es escribir, sino ser yo mismo. Kafka apenas compone sus textos –como sí hago yo–; él siempre se deja sorprender por sí mismo, como yo sólo sé hacer en contados y maravillosos momentos.

 ¿Representa el nuevo papa en verdad la gran esperanza de la renovación de la Iglesia? Muchos lo intentaron antes…

— A mí este papa me gusta, me lo creo. Sé que está cambiando la Iglesia, no hay más que darse una vuelta por las parroquias de hoy y compararlas con las de hace diez años para verlo. Me hace feliz que un hombre como él, que pone tan nerviosos a tantos, esté al frente del cristianismo. Me da esperanza, claro que sí, al igual que a millones de personas en el mundo, cristianas o no. Pero sé que la verdadera esperanza –esa que no puede extinguirse– la encontramos sólo dentro de nosotros.


Juan Ángel Juristo

Cultura Libros


20 de septiembre de 2017

sábado, 23 de enero de 2021

Juan Ángel Juristo: Entrevista a Fernando R. Lafuente

 

Fernando R. Lafuente: “Madrid siempre fue una ciudad abierta, ajena al provincianismo”

Fernando R. Lafuente
Fernando R. Lafuente en la presentación del anuario del Cine Iberoamericano 2016 de la Casa de América. / Casa de América (Flickr)

Escrito en el cielo (Alfaguara) es una antología de textos sobre Madrid que recoge textos de  autores españoles y latinoamericanos que tienen como paisaje de fondo la ciudad. Esta antología está compuesta de textos escritos sólo desde la Transición hasta nuestros días y aun y así la cosa comprende 154 autores. Es, con toda probabilidad, una antología única en su género y dedicada a la ciudad europea que más literatura ha generado, por encima de Londres o París. Martín y Antón Casariego y Fernando R. Lafuente han sido los responsables de esta bella edición que se presentó en la pasada edición de la FIL de Guadalajara donde Madrid era la ciudad invitada.

Hemos realizado esta entrevista a Fernando R. Lafuente, madrileño hasta extremos ramonianos, que fue Director General del Libro, Director Adjunto en el diario ABC, responsable de ABC Cultural y desde hace años es el Secretario de Redacción de Revista de Occidente, como él mismo dice en broma “el nuevo Fernando Vela”. En ella habla del modo en que se realizó el libro, amén de reiterar una vez más la gran pasión que siente por la ciudad donde nació, lugar que nunca abandonó en su memoria incluso cuando vivió temporadas fuera de España, como en Pekín, donde ejerció de profesor en unos tiempos en los que China aún no se había abierto al exterior.

— Usted nació en Madrid, en un barrio muy de la ciudad, y siempre hizo gala de amarla. Entre sus autores estudiados se halla el gran Ramón, uno de los grandes cantores de Madrid. Imagino que realizar esta antología habrá sido un goce hallado…

“El goce ha estado, de ahí lo de extraordinaria, en contemplar Madrid como personaje literario desde una perspectiva contemporánea”

— Ha sido una experiencia dura y extraordinaria. Dura, porque, junto con Antón y Martín Casariego, hemos reunido 154 narradores de obras publicadas a partir de 1977, año de las primeras elecciones democráticas desde 1936. Y en el libro se dan cita autores de muy diversas, distintas y distantes generaciones, gente de la Generación del 27, como Francisco Ayala, de la postguerra, como Cela y Delibes y así en adelante hasta hoy. El goce ha estado, de ahí lo de extraordinaria, en contemplar Madrid como personaje literario desde una perspectiva contemporánea, con sus múltiples variantes de personajes, calles, costanillas, bares, huecos y recovecos. Historias cruzadas que se dan cita en un mismo escenario a través del tiempo. Aquí confluyen una formidable diversidad de estilos e intenciones. Madrid es el centro del libro. Todo gira en torno al paso de la Historia, contada por un arco de narradores memorable.

— ¿Aparte de Ramón, quienes son para usted los escritores que mejor han definido la ciudad?

— Son tantos, pero uno de ellos es, sin duda, Galdós, después, Baroja, Arturo Barea; también, Manuel Chaves Nogales, Cela, Umbral, Fernán Gómez, García Hortelano, Chirbes, por citar sólo a los que ya no están entre nosotros. Todos los que aparecen en el libro apuntan un paisaje y un escenario único, que es de todos y no es de nadie, o, ya serán del lector para siempre. Una ciudad tan profundamente literaria alberga un centón de historias por contar. Pero hay que buscarlas, desentrañar lo que se narra, abrir los espacios al sentido y sensibilidad de cada narración. Lo curioso es que una ciudad, la gran ciudad del siglo XX, es un caudal inagotable para la literatura.

— El trabajo debió ser arduo: 154 autores…

— Infinito. La selección trató de ser lo más representativa, para Madrid y la narrativa. Búsqueda de los fragmentos que serían seleccionados, acuerdo con los autores y editores para los permisos de reproducción, ordenación cronológica según el asunto del que se tratara en cada caso; selección de las ilustraciones (aquí Antón Casariego realizó un trabajo exquisito), búsqueda de las imágenes más cercanas a la narración…

— Podría hablarme del criterio seguido para esta selección…

— En primer lugar, obras publicadas a partir de 1977. Queríamos subrayar con ello la idea del Madrid democrático. Estas obras podían referirse a épocas anteriores, de esta manera cubrimos desde la entronización de Alfonso XIII hasta hoy mismo, con el 15-M. No nos paramos a seleccionar tendencias, generaciones, modelos narrativas, modas o gustos personales. Entre los tres fuimos seleccionando toda obra resultara un capítulo para sumar a lo que, al final, es el libro: una enciclopedia narrativa de Madrid. Sin duda, no están todos, pero todos los que están, son. Ya señaló Henry James que “la casa de la ficción tiene un millón de ventanas”. Y Madrid siempre fue una ciudad abierta, plural, ajena al provincianismo. Si algún escritor falta, en ocasiones no fue por deseo nuestro sino porque no conseguimos los derechos, debido, fundamentalmente a herederos…

— Una nota definitoria de la personalidad de la antología podría ser la enorme variedad de los puntos de vista adoptados. ¿Sería ésta una buena definición de la personalidad de Madrid?

“Los narradores latinoamericanos ha sido una voluntad expresa, porque a veces, desde España se olvida que formamos una misma y diversa narrativa”

— Sin duda, por aquí hay escritores del llamado “boom” latinoamericano y posteriores a ellos. Quisimos que fuera una antología de escritores en español. No hacía falta, ni mucho menos, que fueran nacidos en Madrid, ni en España. La nómina de narradores latinoamericanos ha sido una voluntad expresa, porque a veces, desde España se olvida que formamos una misma y diversa narrativa. Todos los estilos narrativos en español que se han dado cita en estos cuarenta años de democracia, creemos, sin autocomplacencias, que están recogidos en el libro. Madrid, el ambiente intelectual y cultural de Madrid, no de ahora, sino, desde luego desde principios del pasado siglo XX ha sido, como bien indica en su pregunta, la diversidad.

— A pesar de poseer una literatura profusa, no conozco antologías de este tipo sobre Madrid. ¿Sería ésta la primera?

— Ahora con los nuevos soportes tecnológicos uno no se atrevería a firmarlo, pero de la dimensión, modesta ambición de ésta y proyección abierta a América, debe haber pocas, si las hay.

— ¿A qué cree que se debe el hecho de que a pesar de su tamaño Madrid supere a París o Londres en referencias a ella misma en la literatura?

— La cosa tiene su gracia, desde luego. Una posible razón, absolutamente provisional claro, es la confluencia de gentes llegadas a la ciudad desde cualquier lugar de España e Iberoamérica y encontrarse en un ámbito propicio a la creación. Aún en condiciones muy difíciles para expresarse libremente, como fue la Dictadura franquista. Y a pesar de las persecuciones políticas, los escritores encontraban en Madrid el escenario clave de la historia por contar. Una vez con la recuperación democrática la ciudad se convierte en el centro experimental de actitudes, hechos, cambios y deseos de unas cuantas generaciones.

Fernando R. Lafuente
Cubierta de ‘Escrito en el cielo’. / Alfaguara

— El libro no es sólo una antología literaria sino que posee un buen archivo fotográfico de la ciudad. Archivo histórico, por otro lado. ¿Fue fácil la selección? Lo digo porque a veces el exceso de material no deja ver el árbol…

— Como ya he señalado, todo el mérito, y es mucho, se debe al buen hacer de Antón Casariego, responsable de la búsqueda y selección de imágenes. Un enorme diseñador gráfico.

— ¿Qué le hubiera gustado aportar de la ciudad que no haya podido ser por razones evidentes ? Aparte del aparato pictórico se me ocurre el musical…

— Y el cinematográfico. Si en la narrativa queda plasmada la “historia íntima” (como señaló Balzac para la novela) de personajes y tramas, el cine, bueno o malo o regular, ha dejado en la pantalla la imagen física de la ciudad, las voces de los personajes, las formas de hablar, los cambios plásticos de la geografía urbana. No estaría mal pensar en hacer lo mismo pero en un documental, por ejemplo

— ¿Tiene pensado volver a retomar algún libro sobre Madrid pero pensado de otra manera? Parece que las posibilidades de Madrid son múltiples, como caras tiene la ciudad…

— Retomo a Madrid todos los días, pues como señaló Ramón, Madrid, como Londres, como Buenos Aires, como Lisboa, como Roma, tal vez como París, es una ciudad muy “paseandera”. Si algún día retomo Madrid como materia literaria, no dude de que será el Madrid en el que nací. Los diversos Madrid en los que he vivido y, sobre todo, el Madrid por el que paseo, paro en las tabernas, leo en los parques y disfruto ya sea la estación del año que sea. Para cada estación del año hay un Madrid distinto. Miro, escucho y sueño en una ciudad a la que siempre volveré íntima y secretamente.


Juan Ángel Juristo

Cultura Libros


16 de enero 2018

lunes, 7 de diciembre de 2020

Juan Ángel Juristo: 12 libros para regalar en Navidad


  • Una selección diversa de libros para regalar durante estas fechas navideñas que incluyen autores como José Ovejero, Fernando Castillo, Isabel Allende o Annie Ernaux

Como es costumbre en las publicaciones de medio mundo recomendar los libros, las películas y los discos compactos de música que se han publicado el año en cuestión para, ya en Navidades, terminar de rizar el rizo por si no habíamos caído en la cuenta. Y ahora me refiero sólo a los libros, el día de Sant Jordi, la Feria del Libro de Madrid o las recomendaciones del verano, que aún nos podemos gastar el dinero que nos queda regalando productos culturales. Nosotros, no podía ser menos, también contribuimos como el resto de la prensa al ritual.
Para ello hemos seleccionado 12 títulos, siendo muy conscientes de que se nos han escapado en la dichosa lista títulos de alta calidad, pero siendo quien esto escribe muy ufano de la subjetividad rabiosa de cualquier lista.
no ser que se haga atendiendo a criterios de propaganda editorial, sólo puedo justificar la misma atendiendo al placer que me han otorgado y a cierto prurito de reivindicar libros que de otro modo no aparecerían en las listas de medios que, haciendo honor a su nombre, se encuentran más mediatizados.
Juan Eduardo Zúñiga. Recuerdos de vida. (Galaxia Gutenberg)
¿Qué podemos decir de este autor, uno de los más grandes y secretos de la literatura española de los últimos años? Zuñiga ha cumplido cien años y en este libros de memorias, el autor ha tenido el buen gusto de escribir un tomo tendente a la delgadez y, por lo tanto, sin andarse por las ramas, nos habla de su infancia en el Madrid de la Monarquía, de la República , de la guerra, que tan bien describen algunas de sus narraciones como Largo noviembre de Madrid, y la posguerra.Para huir del ambiente opresivo de la dictadura, el joven Zúñiga estudia ruso, rumano, búlgaro, frecuenta el alfabeto egipcio y demás exotismos, y fruto de todo ello es el descubrimiento de autores que el marcarán toda su vida, como Turgueniev o Panait Istrati. El autor nos introduce en ciertos ambientes de la época como la tertulia del café Lisboa. En realidad el libro hubiese sido una deliciosa novela de iniciación si al autor le hubiera dado por la ficción. Se ha atenido a sus recuerdos.
Fernando Fernán Gómez. Teatro Completo. (Galaxia Gutenberg)
De acontecimiento cabría calificar esta edición del Teatro Completo, de Fernando Fernán Gómez, la primera vez que el lector tiene a su alcance todas las obras, el libro contiene algunos inéditos, que el dramaturgo, novelista, director de cine y actor escribió a lo largo de su vida y que algunas fueron llevadas al cine, como Las bicicletas son para el verano. La importancia de Fernando Fernán Gómez en el cine y el teatro es conocida pero no creo que sea lo suficientemente reconocida. Ahora el lector puede comprobar la importancia de este personaje y el profundo conocimiento que de los clásicos de su tierra tenía: el libro contiene una versión de Sancho Panza que como todas las versiones están sujetas a discusión pero lo menos que se puede decir de ella es que es inteligente, apasionada y lúcida.
Fernando Castillo. Un cierto Tánger. (Confluencias)
Nuestro historiador cultural Fernando Castillo, a quien se deben títulos fundamentales sobre Tintín, como Tintin-Hergé: una vida del siglo XX; sobre arquitectura como Madrid y el Arte Nuevo: Vanguardia y Arquitectura 1925-1936; es reconocido sobre todo por los libros que ha escrito sobre el Madrid de la Guerra Civil y el París de la Ocupación con títulos que son ya referentes como Noche y niebla en el París ocupadoLos años de Madridgrado; Españoles en París 1940-1944 y, desde luego, La extraña retaguardia. Personajes de una ciudad oscura. Madrid 1936-1943.
Interesado por los paisajes varios, con especial predilección por algunas ciudades de Europa, tal París, Praga, Berlín, Lisboa... Fernando Castillo acaba de publicar un muy interesante libro sobre una ciudad mitificada hasta el punto del malentendido. En Un cierto Tánger, Castillo quiere restituir a la ciudad del norte de Marruecos el lugar adecuado que le corresponde. Y para eso se remonta a su fundación en cierta manera, pues no hay que olvidar que esta ciudad se ha encontrado siempre  en un punto crucial estratégico hasta el punto de ser el mirador en que los musulmanes contemplaron más de 600 años de dominación árabe en España. Para Castillo, el Tánger mítico se halla en los años en que fue Zona Internacional, que reflejó muy bien la película Casablanca, de Michael Curtiz, en clara ventaja sobre el Tánger posterior cantada por beatniks y demás personajes de la cultura anglosajona de los cincuenta y sesenta, como Paul Bowles, Allen Ginsberg, Truman Capote... en los que Castillo percibe un cierto desdén hacia la cultura local, que les sirve muchas veces de desahogo sexual. En contra Castillo contrapone la visión contenida en La vida perra de Juanita Narboni para adentrarse luego en el Tánger posterior de Goytisolo y Genet. Un hermoso libro.


José Esteban. Ahora que recuerdo. (Reino de Cordelia)
Un delicioso libro de Memorias donde la sombra de don Pío Baroja planea como ángel benefactor. En él, el autor siembra de enjundiosas y divertidas anécdotas todo el mundillo cultural español, en especial el madrileño, comprendidos entre los años de posguerra y los noventa, pasando por su experiencia en París y su paso como editor en casas como Ciencia Nueva y Turner, donde publicó a Azaña, a Giménez Caballero, a José Bergamín...
 José Ovejero. Insurrección. (Galaxia Gutenberg)
Una de las raras novelas españolas de este año donde el documental de corte realista se alía a una literatura de alto estilo. José Ovejero trata aquí el problema de los okupas mediante los avatares de una chica que abandona su hogar de clase media para meterse en una casa ocupada en el barrio de Lavapiés. El autor describe un proceso de lucha abierta en el seno de una sociedad que se derrumba. Ovejero recurre para ello a una mezcla afortunada de estilos y géneros, desde el de corte documental hasta la inclusión de poemas al modo de Brecht o Heine.   

Eduardo Chamorro. Las aguas del fantasma. (Ediciones del Viento)
Novela póstuma publicada a los diez años de la muerte de su autor, Las aguas del fantasma pertenece a esa tradición de corte anglosajón tan escasa en nuestro país donde la farsa se diluye en una literatura tendente al alto estilo y con una distancia donde el humor sustituye a la sátira. Un grupo de jubilados abandona el Hogar para reunirse en un hotel. Se trata de un grupo constituido por personas tal un comedor de gatos,  un ebanista de origen catalán, un ex-luchador japonés de sumo... una deliciosa novela con guiños a la literatura de los libros Torrente Ballester o Álvaro Cunqueiro.
Mario Vargas Llosa. Tiempos recios. (Alfaguara)
La última novela de Vargas Llosa retoma en su título una cita a Teresa de Jesús para construir una narración dividida en dos partes, Antes y Después, en una estructura sabia y muy eficaz. La primera parte está constituida por todas las historias reales o imaginarias que acontecen en la novela. La segunda parte trata de un personaje que parecía de ficción pero es real. Aquí aparece el mejor Mario Vargas Llosa, el que mezcla con feliz resolución documento y ficción. Así, comienza con la entrada de la United Fruit en Guatemala y el final del gobierno progresista de Jacomo Árbenz. A partir de aquí asistimos a una serie de convulsiones en América Latina, de revoluciones y dictaduras que se corresponden punto por punto con la situación geopolítica del mundo. A notar el personaje de Martita Borrero, que es excusa para una historia de amor muy al estilo modernista.
Annie Ernaux. Los años. (Cabaret Voltaire)
Quizá el libro más ambicioso de la escritora francesa. Escrito con un deliberado estilo que otorga distancia al lector y le obliga a emocionarse de otra manera, Ernaux cuenta la realidad de una generación, la suya, a través de películas, refranes, canciones...Son sesenta años de la historia de Francia, en definitiva, contada en imágenes y que nos conmueve porque es un recorrido de la historia de la generación nacida después de la guerra a través de productos materiales del momento que para la autora dicen más de esa época que sesudos ensayos. Un libro inteligente y a contrapelo de esa conformidad de la sociología en que nos movemos ahora.


Isabel Allende. Largo pétalo de mar. (Plaza & Janés)
Incluyo esta novela de Isabel Allende porque es una autora que escribe unos libros best sellers inteligentes y honestos. En esta narración nos habla de una historia de amor entre Roser, una pianista embarazada y Víctor, un médico, que se embarcan en el Winnipeg, el barco que fletó Pablo Neruda para sacar de España rumbo a Chile a dos mil republicanos españoles que huían de las represalias de los franquistas, un exilio que no fue el último pues, muchos años más tarde, tuvieron que huir de la dictadura de Pinochet.
Valeria Luiselli. Desierto sonoro. (Sexto Piso)
Autora de libros de alta calidad como Los ingrávidos, la mexicana Valeria Luiselli es una de las escritoras latinoamericanas más importantes de su generación. Desierto sonoro es una novela que trata de una crisis matrimonial en medio de una atmósfera típicamente norteamericana, la de la épica de la carretera que pusieron de moda los beats. La narración describe un paisaje con una enorme belleza estilística, capaz de desplegar una alegoría donde se corresponde el genocidio de los indios con la reciente emigración de los pueblos de la frontera hacia el interior de los Estados Unidos.
Anne Applebaum. Hambruna roja. (Debate)
libros
Columnista del Washington Post y especialista en Europa del Este, escribió Gulag, historias de los campos de concentración soviéticos que se supone referente en los estudios sobre los campos estalinistas, Applebaum ha escrito un libro estremecedor sobre la represión soviética en Ucrania y, sobre todo, la gran hambruna que mató a cinco millones de soviéticos en la zona, de los cuales tres y medio eran ucranianos. En realidad el libro es la historia de las razones que impulsaron a los rusos a tratar siempre a Ucrania como una colonia muy rentable, dando lugar a unas insurrecciones reprimidas a sangre y fuego.


Yukiko Motoya. Mi marido es de otra especie. (Alianza)
Nacida en 1979, Yukiko Motoya es una de las escritoras japonesas más interesantes de la literatura actual. Considerada la Amélie Nothomb nipona, lo cierto es que Motoya posee una personalidad tan acusada que no le hacen falta correlatos tan facilones para que atendamos a su calidad. Mi marido es de otra especie es una novela muy japonesa, pues trata del trasvase de personalidades, tema recurrente en su tradición literaria y sus libros. Una mujer descubre un día que cada vez se parece más a su marido, un tipo que engulle montones de comida mientras ve la televisión arrumbado en el sofá. Novela breve que pone en solfa el concepto de matrimonio, el volumen se completa con tres narraciones sobre los aspectos más alienantes de lo cotidiano.


Juan Ángel Juristo

Cultura Libros





25 de diciembre de 2019