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sábado, 3 de septiembre de 2016

Antonio Machado: El mañana efímero (Campos de Castilla)

Portada de la edición original de 1912,
según la edición facsímil de 1999.






A Roberto Castrovido




La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta. 

En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano. 

Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas. 

El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea


domingo, 15 de mayo de 2016

La Institución Libre de Enseñanza: Francisco Giner de los Ríos (1839-1915)

 
Francisco Giner de los Ríos




La Institución Libre de Enseñanza o ILE fue un proyecto pedagógico que se desarrolló durante medio siglo, 1876-1936, en España. Su proyecto se resume en modernizar España a través de la educación y la ciencia. Fue pionera en la defensa del medio ambiente. Se le debe la primera legislación española sobre accidentes de trabajo, descanso dominical, derecho de huelga y regularización de las condiciones de trabajo de mujeres y niños. Con frecuencia la ILE realizaba excursiones a la Sierra de Guadarrama.

Primer presidente de la Institución: Laureano Figuerola

Grupo de catedrático: Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sainz Rueda, Nicolás Salmerón… 

Intelectuales que apoyaron este proyecto: Joaquín Costa, Leopoldo Alas (Clarín), José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Joaquín Sorolla, Augusto González de Linares, Santiago Ramón y Cajal, Federico Rubio…

Fundación Fco. Giner de los Ríos
Pº General Martínez Campos, nº 14
Madrid

Citas que nos ofrece la exposición:

«La educación, no la mera instrucción, ha de ser siempre el fin de la enseñanza». Francisco Giner de los Ríos

«Para hacer la biografía de Giner habría que hacer la historia de la Institución, y para hacer ésta habría que hacer la historia de España desde la Revolución de 1868». Manuel B. Cossío.

«Lo que dejó Giner, lo dejó en nuestras manos, en las de todos». Luis de Zulueta, 1915

«La obra de Giner es tan considerable que hoy cuanto existe en España de pulcritud moral lo ha creado él». Manuel Azaña

«Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen». Juan Ramón Jiménez

«El primer factor para que el niño tome posesión de su yo, es el juego mismo». Ricardo Rubio

Fundación Fco. Giner de los Ríos
Pº del General Martínez Campos, 14
Madrid
«La educación no tiene límite definido alguno, no se reduce a un período determinado de la vida, sino que comienza con ésta y dura tanto como ella dura. La vida entera es un continuo aprendizaje». Francisco Giner de los Ríos

«Dar la ocasión al niño de pensar por él mismo y de ser el creador de su propia instrucción». Manuel B. Cossío

«Seguir a Giner es seguir hacia adelante». José Ortega y Gasset

«Nunca olvidaremos nuestras conversaciones con él, con nuestro Sócrates español, con aquel supremo partero de las mentes ajenas. Inquiría, preguntaba, objetaba, obligábanos a pensar». Miguel de Unamuno 

Diálogo en 1910 entre Francisco Giner de los Ríos y Joaquín Costa:
Costa: −Giner, esa es España.
Giner: −No, Joaquín, así fue España. España es ya otra.
Costa: −Giner, hace falta un hombre.
Giner: −Joaquín, lo que se necesita es un pueblo».

«Las obras lentas son las duraderas. ¡Ojalá esta nación lo comprenda algún día!» Francisco Giner de los Ríos

A don Francisco Giner de los Ríos

 Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? . . . Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
. . . Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas . . .
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

Baeza, 21 febrero 1915.
Antonio Machado 


domingo, 3 de abril de 2016

Antonio Machado: Del pasado efímero (Campos de Castilla)


Palacio de Dueñas. El rincón de la Alberca.
En una de cuyas viviendas nació Antonio Machado, en 1875.  

Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,

ojos velados por melancolía;

bajo el bigote gris, labios de hastío,

y una triste expresión, que no es tristeza,

sino algo más y menos: el vacío

del mundo en la oquedad de su cabeza.

Aún luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalón abotinado,
y un cordobés color de caramelo,
pulido y torneado.
Tres veces heredó; tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Bosteza de política banales
dicterios al gobierno reaccionario,
y augura que vendrán los liberales,
cual torna la cigüeña al campanario.

Un poco labrador, del cielo aguarda
y al cielo teme; alguna vez suspira,
pensando en su olivar, y al cielo mira
con ojo inquieto, si la lluvia tarda.

Lo demás, taciturno, hipocondriaco,
prisionero en la Arcadia del presente,
le aburre; sólo el humo del tabaco
simula algunas sombras en su frente.

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.






La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, representa para España el desmoronamiento de su Imperio. Es el final de una época, a la que cantará el grupo de intelectuales y escritores conocido con el nombre de “Generación de 1898”. El término “Generación” fue utilizado por vez primera por el duque de Maura en 1908, Azorín añadiría lo “de 1898”. El grupo estaba formado por Miguel de Unamuno, Pío Baroja, José Martínez Ruiz “Azorín”, Ramón del Valle-Inclán y Antonio Machado.   

jueves, 3 de marzo de 2016

Antonio Machado Ruiz: Anoche cuando dormía (Del camino)

Antonio Machado por Leandro Oroz (1925)
Sevilla, 1875 - Colliure, 1939

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.


Antonio de Pereda
El sueño del caballero (1655)

viernes, 25 de septiembre de 2015

Antonio Machado Ruiz: A orillas del Duero (Campos de Castilla)

Antonio Machado por Leandro Oroz (1925)



Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. 

Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, 



buscando los recodos de sombra, lentamente. 


A trechos me paraba para enjugar mi frente 

y dar algún respiro al pecho jadeante; 

o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia 



adelante 

y hacia la mano diestra vencido y apoyado 

en un bastón, a guisa de pastoril cayado, 

trepaba por los cerros que habitan las rapaces 

aves de altura, hollando las hierbas montaraces 

de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-. 



Sobre los agrios campos caía un sol de fuego. 

Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo 

cruzaba solitario el puro azul del cielo. 

Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, 

y una redonda loma cual recamado escudo, 

y cárdenos alcores sobre la parda tierra 

-harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra-, 

las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero 

para formar la corva ballesta de un arquero 

en torno a Soria. -Soria es una barbacana, 

hacia Aragón, que tiene la torre castellana-. 



Veía el horizonte cerrado por colinas 



oscuras, coronadas de robles y de encinas; 



desnudos peñascales, algún humilde prado 



donde el merino pace y el toro, arrodillado 



sobre la hierba, rumia; las márgenes de río 



lucir sus verdes álamos al claro sol de estío, 



y, silenciosamente, lejanos pasajeros, 



¡tan diminutos! -carros, jinetes y arrieros-, 



cruzar el largo puente, y bajo las arcadas 



de piedra ensombrecerse las aguas plateadas 



del Duero.

El Duero cruza el corazón de roble 



de Iberia y de Castilla. 


¡Oh, tierra triste y noble, 



la de los altos llanos y yermos y roquedas, 



de campos sin arados, regatos ni arboledas; 


decrépitas ciudades, caminos sin mesones, 

y atónitos palurdos sin danzas ni canciones 

que aún van, abandonando el mortecino hogar, 

como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar! 

Castilla miserable, ayer dominadora, 

envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. 

¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada 

recuerdas, cuando tuvo la fiebre de la espada? 

Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; 

cambian la mar y el monte y el ojo que los mira. 

¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra 

de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra. 

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, 

madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes. 

Castilla no es aquella tan generosa un día, 

cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía, 

ufano de su nueva fortuna, y su opulencia, 

a regalar a Alfonso los huertos de Valencia; 

o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, 

pedía la conquista de los inmensos ríos 

indianos a la corte, la madre de soldados, 

guerreros y adalides que han de tornar, cargados 

de plata y oro, a España, en regios galeones, 



para la presa cuervos, para la lid leones. 

Filósofos nutridos de sopa de convento 



contemplan impasibles el amplio firmamento; 



y si les llega en sueños, como un rumor distante, 



clamor de mercaderes de muelles de Levante, 



no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa? 



Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa. 



Castilla miserable, ayer dominadora, 

envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. 

El sol va declinando. De la ciudad lejana 



me llega un armonioso tañido de campana 



-ya irán a su rosario las enlutadas viejas-. 


De entre las peñas salen dos lindas comadrejas; 

me miran y se alejan, huyendo, y aparecen 

de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se oscurecen. 

Hacia el camino blanco está el mesón abierto 

al campo ensombrecido y al pedregal desierto.




Ermita de San Saturio (Soria) A orillas del Duero 


Fuente: Grandes poetas. Antonio Machado. Poesía. Orbis-Fabbri

lunes, 14 de abril de 2014

Antonio Machado Ruiz: El Dios Íbero (Campos de Castilla)


Antonio Machado Ruiz
 (Sevilla, España, 1875 – Colliure, Francia, 1939)

Igual que el ballestero
tahúr de la cantiga, 

tuviera una saeta el hombre ibero

para el Señor que apedreó la espiga

y malogró los frutos otoñales,

y un “gloria a ti” para el Señor que grana

centenos y trigales

que el pan bendito le darán mañana.

«Señor de la ruina,

adoro porque aguardo y porque temo:

con mi oración se inclina

hacia la tierra un corazón blasfemo.


»¡Señor, por quien arranco el pan con pena,

sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!
»¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
»tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,
la noche de San Juan, tu santa mano!

»¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza
y al pobre su fatiga y su esperanza!
»¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!
»¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza,
a Ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!»
Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.
¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,
más allá de la mar y de la muerte?
¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?
Mas hoy… ¡Qué importa un día!

Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.

Aún larga patria espera
abrir al corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.

¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
no está el mañana –ni el ayer– escrito.

¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.