sábado, 21 de septiembre de 2019

Paseos por Madrid: Real Monasterio de la Encarnación

Fachada principal


Fue fundado en 1611 por la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, quién encargó el proyecto, en 1610, al arquitecto carmelina fray Alberto de la Madre de Dios, discípulo de Francisco de Mora, que se mantuvo al frente de las obras hasta su consagración en 1616.

Nuevos descubrimientos documentales sacan a la luz que fray Alberto fue una de las figuras más relevantes de la arquitectura del momento, llamado por los mecenas más poderosos del momento como la Corona, los duques de Lerma y Uceda o el obispo de Cuenca.

Juan Gómez de Mora intervino en la colocación del primitivo retablo mayor en 1617.

El monasterio estaba muy próximo al Alcázar, en el lugar que ocuparon las casas de los marqueses de Pozas, a quienes el rey se las compró, y puede que esa cercanía explique que fuese el lugar donde se celebraban funerales de Estado por parte de los monarcas y personas de la familia real durante los siglos XVII y XVIII.

La arquitectura responde al estilo de severas líneas herrerianas. Forma un gran rectángulo en cuyo centro destaca la iglesia de planta de cruz latina, formada por una nave, transepto de brazos cortos, cúpula sobre el crucero y cabecera cuadrangular de testero recto.

Su fachada constituye un modelo de gran rigor geométrico cargado de elementos palladianos. Construida en piedra, con un pórtico de triple arcada de acceso al nártex, sobre la que el escultor Antonio Riera labró el relieve de La Anunciación, ventanas y escudos alternados en la parte alta y remate en forma de frontón con óculo, constituye un ejemplo de los más destacados e influyentes del llamado tipo carmelitano.

El interior de la iglesia fue remozado por Ventura Rodríguez entre 1755 y 1775, en el estilo del barroco tardío. A lo largo de toda la nave pueden verse una serie de lienzos con el tema de la vida de san Agustín, que se complementan con los frescos de la bóveda de la capilla mayor, obra de Francisco Bayeu.

En colaboración con los mejores pintores y escultores de su tiempo, Ventura logró un magnífico conjunto que se ha conservado sin alteraciones, caso excepcional en Madrid.

La Desamortización de 1836 afectó notablemente al convento, ya que se procedió a su paulatina demolición exceptuándose la iglesia, el claustro y algunas dependencias. Más tarde se decidió parar el derribo y reconstruir el edificio según los planos del arquitecto mayor de Palacio, Narciso Pascual y Colomer.

Margarita de Austria
Se dice que uno de los relicarios que se conservan contiene la sangre de san Pantaleón. Según la tradición, se licúa todos los años el día del santo, el 27 de julio. Se dice que la reina Margarita hizo un regalo insólito al monasterio, la cama donde había nacido su hijo, el futuro rey Felipe IV. Se dice que Manuel Godoy valido de Carlos IV, acudía todos los días a misa dando un paseo desde su residencia el Palacio del Marqués de Grimaldi hasta la iglesia del monasterio, que cuando José Bonaparte reinaba, apareció un día en la verja del monasterio un gato ahorcado con un escrito: «Si no lías pronto el hato, te verás como este gato».  

En la plaza frente a la iglesia podemos ver una estatua de Lope de Vega, obra de Mateo Inurria.



Nave del Real Monasterio de la Encarnación

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